La niñez es un período mágico de nuestra vida, y a excepción de quienes lamentablemente vivieron momentos traumáticos, es un tiempo que jamás olvidaremos y que siempre al rememorarlo nos deja un dulce sabor de boca.
Quién no goza recordando sus travesuras, los juegos, las mentiritas para eludir los castigos, o las cómicas que llenaban nuestras tardes después de la escuela. ¡Que tiempos aquellos!
Sin embargo, al convertirnos en padres un velo cubre esas experiencias y la más de las veces, recriminamos a nuestros hijos e hijas, sin recordar cuanta "batería" dimos en nuestra época.
SE ES NIÑO SOLO UNA VEZ
La niñez sólo se vive una vez, es un tiempo mágico que todos tenemos derecho a disfrutar. La psicóloga Soraya López, nos dice que como padres, lo primero que hay que comprender es que el niño no es un adulto en miniatura, el niño o la niña se desarrolla por etapas y según ellas hay que tratar a nuestros hijos. Las etapas del desarrollo infantil son la cognoscitiva, la emocional y la del lenguaje.
Tenemos primero que reconocer los logros de los niños y de acuerdo a ellos pedirles que hagan cosas que son capaces de hacer. En la etapa emocional el niño y la niña es todo gestos y palabras, desarrolla la forma de reaccionar para el futuro, lo que incidirá en el desarrollo del patrón de personalidad. Por medio de la lectura, se desarrollan los niños cognoscitivamente, a través de imágenes y representaciones simbólicas. "Los padres esperan que los infantes entiendan explicaciones de adultos", comenta la licenciada López.
IMPORTANCIA DE LA INFANCIA
La Licenciada en Psicología, Dalys Sánchez define la infancia como un período que se ve caracterizado por cambios físicos, emocionales, intelectuales y sociales. Los niños y niñas comienzan a surgir como individuos, representan una compañía agradable, tienen una disposición positiva para hacer cosas, son creativos, industriosos, alegres, mantienen buen sentido del humor, empiezan a desarrollar una sensación de bienestar personal, hacen juicios sobre lo que está bien o mal, se identifican con sus progenitores y hacen nuevos amigos.
Esta es una etapa de necesidades fundamentales como: afecto y estimulación, necesidades que contribuyen a la formación de la personalidad de ese niño o niña.
En la opinión de la Lic. Sánchez, las vivencias que experimente el niño o la niña hoy, van a revelar en buena parte su salud física, mental y espiritual adulta. En aquellos niños que tengan oportunidades de manejarse en ambientes adecuados, con padres respetuosos y comprensivos de los cambios y tareas propias de cada etapa del desarrollo se cimentarán vínculos afectivos y sociales efectivos indispensables para una adaptación apropiada. Adaptación que lleva por objeto garantizar una convivencia sana.
LAS TRAVESURAS
Con respecto a esto, la Lic. Soraya López, aclara que las travesuras de la infancia se deben a que los pequeños necesitan estar activos, esta actividad permite el desarrollo, ellos no lo ven como travesura, sino como exploración. Un adulto no puede entender como un niño o niña revienta las cosas pasa saber como son o que tienen dentro. Las travesuras no deben romper los límites permisivos de la sociedad.
Según López, los padres debemos desarrollar formas de educar, que no incluyan el maltrato físico, que a resumidas cuentas, no funciona. El pequeño o pequeña, deja de hacer lo que está haciendo a petición de la figura de autoridad, pero no comprende la naturaleza de sus actos.
TRAVESURAS INFANTILES
En cierta forma una travesura puede ser la manera como un niño o niña intenta atraer la atención de sus padres por una razón específica y forma parte de la naturaleza de los niños.
Los niños y niñas tienen fantasías, comenta Sánchez, utilizan ropas de adultos para imitarlos, de pronto se convierten en médicos, luego en pilotos, de momento cambian y juegan a la familia, a las guerras. Hacen uso de todos los recursos a su alcance: cacerolas, cucharas, sal , azúcar, zapatos, piedras, troncos, fósforos, otros.
Cada actividad podría considerarse travesura y censurarse. Sin embargo, debería considerarse como la forma en que los niños investigan, exploran y descubren el mundo que los rodea. A través de estas actividades los niños y niñas crecen. Adquieren nuevas habilidades y aprenden a usarlas. Se enfrentan a situaciones emocionales difíciles y complejas que representan vivencias que deben resolver y que les serán útiles para la vida adulta, apuntó la psicóloga.
RECUERDOS DE LA NIÑEZ
Los recuerdos de la niñez son memorables porque están cimentados en experiencias agradables y en otras menos agradables. Sin embargo, el equilibrio que exista en todas estas experiencias es lo que nos permitirá aprender. Aprender lo que es permitido y lo que no lo es, a dar y recibir amor, a ser cautelosos, honestos, responsables y a conocer las consecuencias de no ser responsables. Nos enseñará a disfrutar las cosas bellas de la vida, nos permitirá apreciar el valor que tenemos los seres humanos sólo por estar vivos.
QUE PODEMOS HACER LOS PADRES
Los adultos tenemos el deber de proporcionar a los niños y niñas un ambiente tranquilo y armónico, donde cada uno conozca sus deberes, derechos, asuman consecuencias por las decisiones que toman; donde los chicos tengan tiempo para jugar, estudiar y responsabilizarse por tareas en el hogar, señaló la Lic. Dalys Sánchez.
"Lo ideal es un adulto ejemplo de justicia, respeto, responsabilidad, amor, esfuerzo, dedicación, esmero por el empleo. En nuestras manos está que los niños y niñas no pierdan la dulzura, la creatividad, el deseo de soñar y creer que todo lo que puede ser soñado puede ser alcanzado también".
Asimismo, Soraya López explicó que la infancia es un tiempo de alegría; la adolescencia, de reglas y la edad adulta, de trabajo que la más de las veces, no nos satisfacen. Los padres tenemos que esforzarnos por ser lo mejor que podamos ser y facilitarle este periodo tan bonito y especial.