Las librerías del mundo aún celebran la creación de Harry Potter saga creada por la autora británica J.K.Rowling. Potter es un personaje que ya llegó hasta la mayoría de edad; de sus aventuras se han vendido más de 400 millones de ejemplares, traducidos a 67 idiomas alcanzando una fortuna apenas manejable por ella, más de 400 millones de dólares. Todo empezó en el peor momento de su vida.
Esta británica de mechones de oro recorrió sin éxito casas editoriales hasta que en 1997, consiguió por fin que la prestigiosa firma británica Bloomsbury publicase el libro. Hasta ese momento, nadie daba un centavo por ese manuscrito.
Si bien, J.K Rowling vivía en un país, donde los escritores tienen mucha resonancia, ella consideró que tenía que salir de ese ámbito para enfrentarse a la vida lejos de su idioma, esto lo realizó, cumpliendo la disposición de su padre, que le pidió que estudiara francés para que fuese una secretaria con más oportunidades.
Con lo aprendido del francés en la Universidad, logró la categoría de profesora, pero no en Francia, por supuesto, sino en Lisboa, donde pasó muchas tardes escribiendo «para sí misma» en un café próximo a un pequeño apartamento sin calefacción y con su hija.
Tal como lo hacían los escritores en otros tiempos, Rowling continúa con su recorrido, quizás tratando de encontrarse consigo misma. En 1996 decidió regresar a Gran Bretaña y se instaló en la ciudad escocesa de Edimburgo. Lejos de todo, hasta de sus recuerdos.
En ese tiempo el mundo desconocía que una obra maestra estaba dando vueltas en la mente de su creadora, y se trataba de un niño con poderes mágicos.
Amor y desamor.
El primer enlace matrimonial de esta escritora resultó un fracaso, y en pocos meses se separaron. De esta unión, Joanne tuvo a su hija Jessica, con quien se trasladaría a Edimburgo, en donde residía su hermana "Di", quien trabajaba como enfermera.
No tenía dinero, ni conseguía trabajo, no podía pagar a nadie que cuidara de su bebé mientras buscaba un empleo, cayó en una profunda depresión y decidió que como ya no tenía nada que perder iba a escribir el libro que imaginó hacía tanto tiempo.
En sus propias palabras.
"Llevaba escribiendo de forma casi continua por seis años, pero nunca me había sentido tan entusiasmada por una idea hasta ese momento. Para mi inmensa frustración, el bolígrafo que llevaba no escribía y no me atreví a pedirle uno prestado a nadie. Recapacitando, creo que esto resultó ser positivo, porque durante cuatro horas (el tren llevaba retraso) me dediqué exclusivamente a pensar; todos los detalles surgían en mi cerebro y poco a poco, este niño flaco, con pelo negro y gafitas quien no sabía que tenía poderes mágicos, se fue haciendo cada vez más real ante mí.
Creo que si hubiera tenido que frenar mis ideas a la velocidad de la escritura, algunos de los detalles se habrían perdido (aunque aún pienso a veces en cuántas cosas imaginadas durante ese viaje ya había olvidado cuando empecé a pasarlas al papel).
Esa misma noche comencé a escribir "La piedra filosofal", aunque aquellas primeras páginas no tienen semejanza alguna con la forma final del libro. Me trasladé a Manchester, llevando conmigo el manuscrito que iba engordando en muy diversas direcciones y al que le incorporaba ideas sobre el resto de la carrera de Harry en Hogwarts. Entonces, el 30 de diciembre de 1990, ocurrió algo que cambió mi mundo y el de Harry para siempre: mi madre murió".
Este fue el momento en el que Harry tomó vida y se convirtió por arte de magia en un fenómeno literario y cinematográfico.