Variedades

La Mona Lisa tiene nuevo hogar


La legendaria Mona Lisa, la obra maestra de Leonardo da Vinci, ha sido trasladada a una sala más amplia del Museo del Louvre, diseñada por el arquitecto peruano Lorenzo Piqueras, que permitirá a millones de espectadores verla mejor.
La llamada Salle des Etats (Sala de los estados), que fue remodelada durante cuatro años a un costo de 6,1 millones de dólares, posee un clima controlado, así como un nuevo sistema de iluminación, y es mucho más espaciosa que la Sala Rosa donde se exhibía previamente la obra, conocida con el sobrenombre de La Gioconda.
El cuadro está protegido por un cristal irrompible, que no refleja la luz, y se exhibe sobre una pared revestida de mármol color crema. Una baranda semicircular de madera impide a los espectadores acercarse demasiado a la pintura. El famoso retrato, que se cree representa a Lisa Gherardini, esposa del mercader florentino Francesco del Giocondo, fue pintado entre el 1503 y el 1506 sobre un panel de madera y el artista lo trajo consigo cuando se estableció en Francia en 1517. La obra ha estado en el Louvre desde 1804.
En las últimas horas he hecho un repaso del inolvidable papado de Juan Pablo II, recordando sus palabras en México, en Cuba, en Estados Unidos, en Corea, en Filipinas, recordando el perdón que concedió a Mojamed Ali Agka, autor del peor atentado cometido contra su vida; pensando en su preocupación constante y su infatigable lucha en defensa de los mejores ideales para todos los hombres, sin que importara raza ni religión; releyendo o volviendo a oír sus reiteradas intervenciones contra la injusticia, contra la opresión, contra el noliberalismo de la globalización, contra la violencia y contra la guerra, su constante defensa de los pobres, de los oprimidos, de los marginados. Gracias al programa de la televisión española, me enteré también de la insólita reunión que organizó el Santo Padre en el pueblo cuyo nombre bendijo e hizo imborrable San Francisco de Asís con su insólito y maravilloso ejemplo (tan olvidado en las costumbres y los gustos de nuestros tiempos). En esa reunión, Juan Pablo II había congregado a los jefes de todas las iglesias, de todas las confesiones, incluyendo al Arzobispo de Cantórbery y a otras diferentes confesiones protestantes, al Dalai Lama, al Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Griega, al principal Rabino de Israel, a la figura máxima del Islam, y así sucesivamente, para que todos dijeran, en sus propios idiomas y con sus propios libros sagrados, una oración y un llamado dirigido al mundo entero en pro de la paz.
Después de ese repaso, si alguien me preguntara cuál es el legado del Papa, contestaría que son las enseñanzas más esenciales, más reiteradas y más ecuménicas: que, sin que importen ni las razas ni las religiones ni el origen ni la geografía, el respeto de la dignidad de toda criatura humana, la salvaguarda de la integridad de su persona y la inviolabilidad de su libertad espiritual son la "sustancia entendida" de lo que nos dejó su papado.
Como en español no hay prácticamente nada de su obra poética, a manera de ofrenda fúnebre y como un tributo más entre los cientos de millones que en estos días se le hacen, comparto con el lector uno de los más bellos y profundos poemas, que escribió antes de que lo eligieran Obispo de Roma, cabeza de la Iglesia Católica y Pontífice Soberano de ese pequeñísimo estado que se llama Ciudad del Vaticano. Pocas veces como en esta ocasión es posible preguntar: Ubi est mors victoria tua? (Muerte, ¿dónde está tu victoria?).
A continuación, el texto de dicho poema, intitulado Cántico del Dios escondido, con un subtítulo que dice Riberas del silencio, en una versión mía en español (a.m.g.D), que hice valiéndome de diferentes textos de traducciones y fragmentos que he podido encontrar, porque el poema fue escrito en polaco, y de polaco no sé nada.
Riberas del silencio
I
Las riberas distantes del silencio
comienzan en la puerta. No es posible volar hasta allá como podrían las aves.
Hay que detenerse, mirar más a fondo, más a fondo aún hasta cuando nada
desvíe el alma de la más honda hondura.
Ningún verdor ahora
podrá dejar tus ojos satisfechos: los ojos ya cautivos no habrán de retornar,
y creíste que la vida iba ocultarte esa otra Vida que está suspendida en lo alto, sobre lo más profundo.
Deberás saber que no hay retorno
de este fluir, de este abrazo dentro de la misteriosa
belleza de la eternidad.
Únicamente soportar, tan sólo soportar, no interrumpir el vuelo de las sombras, únicamente soportar
clara y sencillamente, más y más todavía.
Entretanto, siempre te haces a un lado
para que pase Alguien que viene desde lo más lejano, y cierra la puerta de tu pequeña habitación.
Con cada paso, su llegada
va haciéndose más suave,
y con ese silencio atina
a dar en el blanco de las profundidades.
II
Él es tu Amigo. Tu memoria
sigue serpeando siempre
hacia aquel amanecer invernal.
Durante mucho estuviste creyendo, sintiendo la certidumbre, y todavía
perdura en ti el asombro.
Inclinado sobre la lámpara,
un haz de luz se vuelve un nudo
sobre tu cabeza, y no vuelves
a levantar la mirada. ¿Es que, acaso, está allá o está aquí, o en lo más hondo de los ojos cerrados?
Está allí, allí. Aquí hay tan sólo
un estremecimiento, solamente
palabras recuperadas de la nada.
¡Ah!, pero aún queda una partícula
de ese asombro que habrá de convertirse en la esencia de la eternidad.

Mientras acojas al mar,
a los ondulados
círculos del mar en tus ojos abiertos,
has de sentir que toda hondura
y toda frontera se ahogan en ti.
Pero el pie toca una ola y piensas
que es el mar que vivía
dentro de ti, esparciendo tanta calma alrededor, tanta frescura.


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191632
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América