Al igual que una reina de Carnaval, Margarita Henríquez se paseó en su tierra natal, La Villa de Los Santos.
La concursante de Latin American Idol (LAI) 2008 fue recibida como una ganadora, y el jolgorio no se hizo esperar. Tras la eufórica y alocada recibida en el Aeropuerto de Tocumen, en donde la chica rompió en llanto por ver tantos panameños juntos, Los Santos no se iba a quedar atrás.
Mientras iniciaba el recorrido desde la capital, Betzy, la madre de la artista, estaba inquieta y hasta algo cansada. La jornada de trabajo con Margarita para entrar a LAI inició en mayo, cuando clasificó para participar en el concurso.
Betzy dirigió la pintada de su casa por dentro, con un verde menta que le daría a su hogar un toque diferente para la filmación que SONY le realizará a todos los finalistas.
Durante la conversa, la incansable madre aseguró que lo primero que pediría su hija sería "arroz, poroto y puerquito frito, lo que más le gusta".
Espera y fiesta:
Las horas pasaron y la gente empezó a aglomerarse en la parte trasera de la casa de Margarita, donde por años su familia ha confeccionado santos y lápidas para cementerios.
Cayó la noche y justo a las 9:00 p.m., ya se sentía en el ambiente un olor a fiesta, pero la espera sería aún más larga, media hora más tarde alguien dijo: "Acaban de salir de Panamá".
Desde ese momento, cada 15 minutos, Betzy recibía llamadas de Juancín, el padre de Margarita, para indicar por dónde venían. Hasta que a la 1:15 a.m. alguien dijo: "Vienen por Parita". Luego se activó el tamborito y los cohetes se hicieron sentir.
A la 1:25 de la madrugada, escoltada por un patrulla, Margarita llegó a su casa, luego de casi dos meses de ausencia.
La batería de periodistas y camarógrafos no se hizo esperar y se abalanzó sobre la nueva estrella, quien con un una sonrisa buscaba perdida a su madre y al verla la abrazó.
Cantalantes de Monagrillo entonaron el tamborito "Margarita rodadora", una vieja tonada folclórica.
¡Viva Margarita!, se escuchó. Hasta entonces, Margarita no había llorado, pero ya no aguantó más y las lágrimas le corrieron por las mejillas. Luego de varios intentos por callar a la gente, agradeció a los presentes todo lo que habían hecho por llevarla tan lejos en el concurso, al igual que a todo el país. Allí lloró, mientras abrazaba la bandera, que no se quitó en ningún momento.