Presentando un trabajo completamente diferente al del acuarelista panameño, el artista Octavio Arosemena inauguró esta vez en el Restaurante Manolo Caracol su nueva obra conformada por cinco series trabajadas en acuarelas sobre papel, con la que demuestra su gran destreza en esta técnica, particularmente destinada a plasmar paisajes, pero que en su caso, representa elementos como figuras, flores, momerías, abstractos y manchas.
Aunque cada una de las obras se relaciona flexiblemente con las otras, según Arosemena, en realidad son completamente diferentes.
La simbología es una de las características más predominantes en este trabajo artístico, en el que su creador partió del abstracto, hasta que la figura empezó a surgir desde hace casi dos años.
“A la hora de emprender este tipo de trabajo, comienzo a pintar las flores, luego cambio el color y rayo hasta que me canso, cambiándome para otro tema o figura, así como de color y forma, hasta que otra vez me canso y me voy para otra cosa... Constantemente voy para atrás y para adelante”.
Según Arosemena, es un artista muy inquieto, quien definitivamente se cansaría si solamente hiciera flores, por dar un ejemplo. “Llega un momento en que me hastío”, confiesa.
Sus más recientes obras, simples, pero cargadas de una indiscutible belleza, están expuestas actualmente en el Restaurante Manolo Caracol, producto de su constante interacción con la acuarela.
Ante esta situación, el ministro explicó que con frecuencia estas familias recurren a la vía del subsidio que ofrece el MIVI a través de lotes en las afueras y materiales de construcción para levantar una vivienda, o sencillamente, las que tengan un ingreso fijo, logran comprar un apartamento en los edificios que construyen en el centro de las ciudades de Panamá y Colón.
"La escasa capacidad de pago de la población agrupada en este mercado constituye el talón de Aquiles del asunto, que impide avanzar con mayor celeridad en la reducción del déficit habitacional y en el mejoramiento de la calidad de vida de los panameños radicados en ambas urbe, más aun cuando se niegan a salir de esas áreas", sentenció.
Sostuvo que sobre este dilema gravita además la conducta del individuo que se acostumbra a vivir en un ambiente de promiscuidad y el abandono, sin pagar alquileres, donde los perjudicados directamente son los componentes más vulnerables de la familia, niños, mujeres y ancianos.
"Esa es la tragedia que se vive cuando estos inmuebles son pasto de las llamas, o se derrumban solos bajo el peso de los años y las inclemencias del tiempo".
De manera que con los recursos asignados, el MIVI debe atender la demanda de esos grupos de población, sea otorgándoles un apartamento nuevo, dándoles un subsidio de materiales para una vivienda o alojándolas en sitios temporales (albergues, casas comunitarias, espacios puentes), cuya movilización y atención requieren de una inversión adicional. El Corregimiento de Calidonia es uno de los más casas condenadas tiene.