Ha tenido más de 50 presentaciones en famosos escenarios de varios continentes.
A Laura Pedersen le gusta ser y sentirse una chica inteligente. Pero, muchas veces le toca hacer de chica algo tontita, porque así hace parecer a la mujer el amor. Le hace perder la cordura, al punto de que algunas féminas, en ocasiones, ante un amor imposible de cristalizar (como en el caso de Romeo y Julieta) optan por lo que creen es una salida: el suicidio.

Le gustan las joyas. De hecho, entre las arias de ópera que cantó el 10 y el 12 de mayo en el Teatro Nacional en la Gala anual “Canciones de amor de la ópera en concierto”, junto a estrellas de la Fundación Ópera Panamá, está su favorita “La canción de las joyas” y , por si fuera poco, caminando por Bella Vista encontró una joyería cuyas joyas le fascinaron.
Nos dijo que ya se compró su sombrero Panamá y que el Teatro Nacional “es un tesoro. Son muy afortunados de tenerlo. La acústica es sorprendente”.

Dice que la ópera la descubrió a ella cuando tenía 18 años, en que su maestra de canto le dijo que tenía madera para el canto lírico. Muy emocionada llamó a su madre. Fue un aria de Julio César (Cleopatra), la que le abrió las puertas al mundo maravilloso que tantas satisfacciones le ha dado en varios lustros.
Gracias a la ópera tiene la oportunidad de pretender ser todo tipo de mujer, en distintas épocas y circunstancias. Esto la ha hecho ser “más sensible, más comprensiva, más madura”, porque, según nos explica, ve a la mujer en sus múltiples facetas y descubre que después de todo, aunque seamos distintas, en el fondo tenemos también mucho en común.

Vive en Cleveland. Sus padres son agricultores, viven en una finca en Iowa, donde ella creció.
Es alegre. No se complica la vida. Le gusta que sea fácil y simple. La disfruta con su arte, su esposo Brad y sus dos perros (Leporello y Shwnny) cultivando su jardín-hortaliza (está lista para su primera cosecha de vegetales), viendo un atardecer, sentada frente al lago o mirando un juego de fútbol, que le apasiona.