Variedades

La presencia de Jesús en la literatura


La literatura no vive ajena al mundo en el cual está inmersa, y lo aborda desde diferentes perspectivas, bien sea el amor, la política, la historia, el humor, la sociología, la ideología, la belleza y también la concepción religiosa.
Por ello, la presencia de lo bíblico, y específicamente la figura de Jesús, no ha sido ignorada por los escritores de todos los tiempos en la lengua española.
La llamada literatura mística, referida, según el Diccionario a "la vida espiritual y contemplativa" y a la "experiencia de lo divino", o la ascética, referida a "la práctica y ejercicio de la perfección espiritual", son una faceta que cumple toda literatura tanto como un momento de su desarrollo como un modo de decir permanente que fluye de la pluma de los escritores, como fluye siempre el romanticismo.
Teresa de Cepeda y Ahumada, mejor conocida como Santa Teresa de Jesús o como Teresa de Ávila, en honor al pueblo donde nació a inicios del siglo XVI, es la presunta autora de uno de los poemas religiosos "cristocentristas" más conocidos y celebrados, y de mayor profundidad filosófica y sentido teológico que se conozca:
"No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido/ ni me mueve el infierno tan temido/para dejar por eso de ofenderte".
La fuerza de este poema, y la entrega total que sus versos expresan, son una demostración de la fe en Cristo que impulsó la vida de quien lo escribiera.
También está, por otro lado, una mujer nacida de este otro lado del Charco ciento treinta y seis años después de la de Ávila. Es la polémica Juana Ramírez de Asbaje, hija ilegítima, lectora y escribiente a los tres años, y escritora desde los ocho, quien entre otras muchas obras escribió la famosa "Carta atenagórica", una obra en la que polemiza con Antonio Vieira, jesuita y confesor del rey Juan IV de Portugal, quien en un sermón del Jueves Santo de 1650 (justamente un año antes del nacimiento de Sor Juana) había refutado a tres pilares de la Iglesia (San Juan Crisóstomo, Santo Tomás de Aquino y San Agustín) respecto de la verdadera petición de Cristo al solicitar no que correspondamos a su amor, sino que nos amemos los unos a los otros.
Esto llevó a la poetisa mejicana a desplegar toda su erudición teológica y la fineza de su prosa en esta obra que refleja su profundo conocimiento de la vida y la obra de Jesús.
Y a finales del siglo XIX, en 1889, por esos días de abril que anteceden a la Semana Santa, nació en Vicuña, Chile, la más célebre de todas las escritoras hispanoamericanas: Gabriela Mistral, nombre literario de Lucila Godoy Alcayaga.
La presencia de Dios en su obra es una constante, y es, al mismo tiempo, un soporte en su vida y en su filosofía.
"Señor, tú sabes cómo, con encendido brío, /por los seres extraños mi palabra te invoca..", dirá en el famoso poema El Ruego, en el que más adelante expresará: "Y la cruz, tú te acuerdas, oh, rey de los Judíos, se lleva con blandura, como un gajo de rosas".
En su poema Viernes Santo, la poetisa manifiesta su hondo dolor por el padecimiento de Cristo y por el sacrificio que ha llevado a cabo:
"Ya sudó sangre bajo los olivos, /y oyó al que amaba, negarlo tres veces/
Mas, rebelde de amor, tiene aún latidos, /¡Aún padece!"
Quizá ningún escritor pueda expresar con mayor vehemencia esa búsqueda permanente que se torna vacío con notoria urgencia de ser llenado, como lo hizo Lope de Vega en sus poemas religiosos, específicamente en este soneto titulado igual que su primer verso:
"¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?/¿Que interés se te sigue, Jesús mío/
que a mi puerta, cubierto de rocío/pasas las noches del invierno a oscuras?".
Quizá este mismo afán era el que movía al poeta Martín Alonso en su obra Amor ronda la casa, en la que dice:
"Vendré para aliviarte, ¡oh, Cristo de bondad!/iré a tu cruz asido, con manos penitentes/
y en este desamparo que moribundo sientes/he de vestir mi alma de limpia soledad".
Entre los poetas panameños que han dedicado su inspiración a la figura cimera de Jesús destaca nuestro poeta mayor, Ricardo Miró, quien dedicó varios de sus poemas a este tema, siempre con la maestría de su talento.
"El más dulce de todos los rabinos/Jesús - envuelto en misteriosa lumbre/predicando el amor, la mansedumbre- ajó la rosa de sus labios puros.
Y en este otro, El Poema eterno, que trata de la víspera de la entrega de Cristo y de su dolor humano y el trance que vivió, en el que el miedo, la soledad, la incertidumbre se apoderaron de Él.
"Jesús lo presentía. (Su cabeza/fue la primera flor que rodó el día/en que cenaron trece en una mesa.
Nunca se vio más pálida blancura/sobre la frente de Jesús, sagrada, /Ni nunca, nunca tuvo su mirada/tanta luz celestial, tanta ternura".
En las letras panameñas, también dedicó especial atención a la figura de Jesús, y al tema religioso en general, doña María Olimpia de Obaldía, la conocida Alondra chiricana, de quien citaremos el poema Presencia de Cristo, en el que , con su profunda convicción de la pequeñez humana y con la certeza de la deuda por el sacrificio realizado declara:
"Olvidamos que Cristo está presente/y ante nosotros su dolor renace/en todo ser a quien la Vida hiere/con sus flagelos de miseria y hambre".
Un extraordinario poeta, como lo es José Guillermo Ros-Zanet, plasma en su obra la presencia moral y religiosa de Cristo, no como mero aditamento dogmático sino como esencia de su poética, sin que por ello necesariamente se le deba clasificar como ascético o místico. En el poema Este rostro de Cristo se aprecia la consumación de este acto de fe:
"Miro por todos, solo,/y por el Dios que ha sido/y por Cristo en su rostro detenido/por las cosas que alcanzan/a ser ceniza o llama/".


fecha edicion
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230458
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América