Háblele al niño y escúchelo cuando jueguen y en sus actividades cotidianas.
Léale al niño todos los días, a una hora fija y cuando el niño se lo pida.
Lleve a los bebés que caminan y a los preescolares a la biblioteca para que puedan elegir libros para leer en casa. Averigüe qué libros y servicios especiales ofrece su biblioteca.
Organice un rincón especial en su casa donde sus niños puedan leer y escribir.
Mantenga los libros y otros materiales de lectura al alcance de los niños. Agregue libros nuevos con frecuencia.
Cuando falle, no diremos: "no llegarás nunca a ninguna parte". Un simple descuido y cuatro o cinco palabras pueden llegar a herirle profundamente.
En nuestro hijo adolescente hacen el efecto de: "estoy disgustado contigo como ser humano".
Puedes acudir a mi para que te haga falta; siempre estaré aquí para escucharte". Un adolescente da mucha importancia a poder acudir a sus padres cuando existen problemas; aunque exista rebeldía, en los momentos difíciles necesita tener una seguridad: "mis padres están ahí".
Sin embargo, si no le prestamos atención cuando lo está pasando mal, le estaremos dando una buena razón para que se las apañe por sí solo y busque consejo y ayuda en otros lugares.
Hay que escucharles, sin querer hablar y pontificar continuamente. De esta manera, dejamos claro a nuestro hijo que: "Eres importante para mi", "me preocupo de las cosas en las que tú estás interesado", "me gusta escuchar tus ideas y opiniones", frases como estas la mayoría de los padres ha olvidado decir a sus hijos, quizás por la modernización que existe actualmente.
Escuchar con atención también estimula el deseo de hablar de los hijos. Se construye un ambiente de respeto y afecto mutuo.
Muchas veces, cuando nuestro hijo nos acusa de que no le comprendemos es tan sólo una manera de defenderse. Contar con la confianza de sus padres es importante para un adolescente.
El amor es el ingrediente esencial de una familia sana. Un "te quiero", dicho en voz alta y a menudo, nos ayuda a saber quiénes somos y por qué hemos nacido.
Si disponemos de una agenda de trabajo, o un calendario que veamos todos los días, podemos hacer alguna señal para recordar: "Ojo, en esta semana no he hablado con mi hijo ni una sola vez". A estas alturas conocemos bien los riesgos que se corren en esta etapa.