20 años de boda
- Naruhito, de 53 años, y Masako, de 49, celebraron este mes el aniversario No. 20 de su enlace matrimonial. A través de un comunicado real para marcar la ocasión, el heredero al trono del crisantemo resaltó: “En los últimos 20 años hemos experimentado muchas cosas como pareja y nos hemos apoyado el uno al otro”.
Los rumores acerca de lo que ocurre para que Masako mantenga su encierro japonés son variados.
Algunos la tildan de “mariposa atrapada”, mientras que otros aseguran que se le presionaba para dar un heredero al trono japonés, una presión que habría tenido sobre sus espaldas desde su matrimonio con el príncipe Naruhito, celebrado en 1993.

Ese empuje popular hizo que fuese ella la acusada oficial de la demora de un embarazo que nunca llegaba. Tras numerosos tratamientos de fertilidad y un aborto, dio a luz a la princesa Aiko en diciembre de 2001, pero el nacimiento de una niña- en lugar de un varón- no aminoró la responsabilidad de traer al mundo a un heredero.
Se dice también que, por aquella época, se enquistó la relación que tenía con sus suegros. En el año 2003, la casa imperial reveló que sufría de estrés, reconociendo por fin el problema de la princesa. Quizá fue ese el motivo de que cuando Naruhito acudió a la boda de los príncipes de Asturias el 22 de mayo de 2004, lo hizo también sin la presencia de Masako.

Fue en julio de 2004 cuando se anunció por primera vez su diagnóstico.
El nuevo heredero

En 2005 se enmendó una ley para permitir a las mujeres de la descendencia masculina ascender al trono. Poco después del anuncio del tercer embarazo de la princesa Kiko, esposa de Fumihito (hermano de Naruhito), se suspendió.
En el año 2006 dio a luz a un varón, Hisahito, quien es el tercero en la línea de sucesión, luego de su tío Naruhito y de su padre.
Lo deja todo por él
Masako abandonó su carrera universitaria y nunca fue la candidata ideal de la corte para casarse con el futuro emperador, a quien le dieron una lista de 100 mujeres "perfectas" para olvidarla. Los funcionarios no la creían digna, por ser plebeya, liberal y moderna.
Hoy, se ve obligada a caminar silenciosa y con la cabeza inclinada, tres pasos detrás de su marido.
No puede vestirse ni bañarse sola, ver televisión, usar anteojos, o mirar a un hombre a los ojos. Rara vez puede ver a sus padres, y casi nunca puede salir del palacio.