Hablo ahora en primera persona.
La muerte de Diana ocurrió durante mi primer año en la Escuela de Periodismo de la Universidd de Panamá; justo para convertirse en el tópico principal de todas las asignaturas de ese semestre, durante los días que precedieron al accidente.
La mitad de la semana nos encontró a los 28 estudiantes de la clase enfrascados en una álgida discusión motivada por una sola pregunta ¿Eran los paparazzis los culpables de la muerte de Diana? (o ¿Diana fue víctima de su propia trampa? al usar a los medios a su conveniencia y luego desecharlos).
De pronto, para sorpresa del profesor Pedro Pineda -quien dictaba la cátedra "Introducción a la Lógica y al Método Científico"- y de aquellos que discutíamos sin compasión alguna el tema, una de las estudiantes exclamó un sonoro: "¡Respeten a los muertos!"
"Ya la princesa está muerta", continuó "¿Qué más quieren? Pobrecita, dejénla descansar en paz..".
La respuesta a la pregunta que discutiamos quedó clara para muchos: Diana era un fenómeno mediático, y al mismo tiempo, un ser fascinante que cautivó al mundo entero.
Fue víctima de un amor no correspondido, por eso el mundo perdonó sus infidelidades; gastó miles en vestidos, pero todos admiraban su elegante andar y se rebeló contra la Corona británica, haciéndo que todos se identificaran con su causa
Además, habló de VIH/SIDA, hambre y pobreza, lo que puso al mundo en su manos.
"Lady D" murió en la madrugada del 31 de agosto de 1997 (en Panamá era sábado 30 de agosto) y hoy, múltiples homenajes recuerdan a la llamada "Reina de corazones".
Aquella madrugada se gestó el cambio, en un túnel del Puente de Alma en París, cuando el Mercedes en el que viajaba Diana y su enamorado Dodi Al-Fayed colisionó contra una columna, mientras huían del asedio de los paparazzis.
Los siguientes días, la entrada del Palacio de Kensigton se pobló de toneladas de flores y notas de cariño dedicadas a Diana. Miles de personas lloraban la muerte de "su princesa", mientras los miembros de la Familia Real británica asumían una fría actitud.
Isabel II y su esposo el príncipe Felipe no pronunciaron palabra ni permitieron que la bandera ondeara a media asta.
Las peticiones para abolir a la Monarquía aumentaban y la popularidad de Isabell II llegó a su nivel más bajo.
La muerte de Lady D fue el inicio del año más nefasto para la realeza.
El entonces recién llegado al poder Tony Blair temió emular la actitud de la Monarquía y suspendió de inmediato sus vacaciones para pronunciar un emotivo discurso a favor de Diana a quien denominó "la princesa del pueblo".
Isabell II tuvo que levantarse, con su célebre discurso en el que confesó que había "lecciones que aprender" de la fal lecida Diana.
La respuesta a la pregunta surgida en aquella clase de "Introducción a la Lógica" sigue revelándose: la Princesa de Gales sigue siendo un icono mediático.
Los "souvenirs" con su imagen siguen aportando ganancia a los fabricantes, las revistas han encontrado en William y Harry nuevas historias sobre la realeza.
El concierto organizado este año en honor a Diana, batió récords de audiencia y la especulaciones sobre su muerte sigue vendiendo libros, revistas y documentales.