El aislamiento, la poca o nula formación académica y el aferro puritano a una cultura ancestral, probablemente esten lesionando un principio universal a la libertad de la mujer de algunas áreas indígenas, de relacionarse, hacer amistad y posteriormente decidir qué hombre eligen -independientemente del color, raza o credo- como compañero o consorte. Sin embargo el hombre indígena si tiene la libertad de escoger a su gusto, sin que ello afecte sus principios culturales y/o morales; inclusive puede hacerse acompañar de varias en la misma choza.
En muchas comunidades indígenas -apegadas a sus normas comarco tradicionales- castigan a la mujer que tenga relaciones maritales o se despose con un hombre que no provenga de su misma etnia. En otras, no les permiten el traslado a centros urbanos para continuar sus estudios secundarios y menos si ya se han desarrollado. La que desobedezca, será sometida ante un tribunal disciplinario (Comisión o Junta), compuesto por notables de la comunidad, y las penas van desde multas y latigazos con hortiga hasta trabajos forzados. Y no conforme con eso le cobran una multa al hombre que las pretende o les roba un beso.
Algunas comunidades indígenas, específicamente aquellas que aspiran a un mejor Status dentro de la división político-administrativa del estado (Corregimiento, Comarca, etc.), no llenan los requisitos demográficos que la ley exige y por tanto, las mujeres son llamadas a procrear cantidades de hijos sin el mínimo control prenatal y lo más lastimoso, a muy temprana edad. Este patrón o estilo de vida destruye el estado físico de la mujer (cualquiera que sea) y trunca el futuro de la que a temprana edad cae víctima del celo de un machismo rampante que se ciega ante intereses que se ciernen por encima de los sentimientos y el disfrute de la vida misma.
LA LIBERACION NO LLEGA
Al parecer, la cacareada liberación femenina, no ha podido llegar a este conglomerado de nuestra sociedad y muy por lo contrario los grupos feministas, que poco o nada han podido hacer, dadas las condiciones cerradas de los regímenes tradicionales, que se enmarcan en los principios de la conservación de la casta y sus raíces. La formación tradicional del carácter esponsal, se inicia en el hogar, donde la familia -especialmente las de tendencias conservadoras- ejercen un control en las decisiones a favor de la cultura, el cual consiste en que la mujer buscará a un hombre de su propia gente para vivir a su lado... mejor dicho, detrás de él.
La declaración universal de los derechos humanos en su artículo 16, se refiere a lo antes enunciado, así: "Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricciones alguna por motivo de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio". Sabido esto corresponde al estado -como garante de los convenios Internacionales- adoptar medidas para eliminar estereotipos y reconocer que existe discriminación que va más allá de un problema social, que requiere correctivos legislativos y constitucionales lo más antes posible. Cabe señalar que en las áreas indígenas se da el mayor porcentaje de analfabetismo del país, y ello redunda en el desconocimiento de factores indispensables en la convivencia humana.
CAMPAÑA
Una campaña de las Naciones Unidas por los derechos humanos de las mujeres "Una vida sin violencia, un derecho nuestro", califica la discriminación contra la mujer como "toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquiera otra esfera".
El Gobierno debería promover con las autoridades tradicionales y Municipales, una campaña que libere a la mujer indígena de ese régimen patriarcal que la mantiene sumergida a un pasado inhumano que ya no justifica su razón de ser. Si bien trabajan igual o más que los hombres -aunque en algunas áreas sólo lo hacen ellas- deberían tener iguales derechos (...) al menos la libertad de escoger a su novio y luego decidir si lo convierten en su marido o compañero.