La reina Isabel II de Inglaterra ha decretado un estricto código indumentario en las famosas carreras de caballos de Ascot, para salvar el último bastión de la tradición británica. Ni minifaldas, ni tatuajes ni mucho menos atrevidos escotes. La Reina ha decidido prohibir las vestimentas provocativas en el selecto Recinto Real del hipódromo de Ascot, radicado en el sur de Inglaterra y propiedad de la Corona, donde se acomodan normalmente la realeza y sus invitados.
Sin embargo, Ascot se ha visto "invadido por tatuajes y cuerpos descubiertos" desde su remodelación.