Mujeres y hombres han sido durante generaciones medidos con distintas varas, por una sociedad androcéntrica.
Las reglas no son para nada justas. Lo que se aplaude en unos, se censura en otras.
No sorprende, entonces, que las féminas se hayan acostumbrado a avergonzarse de sus órganos reproductivos, del nombre real de éstos, de su forma, su color, su olor... al punto de que hablan de ellos con recelo, en voz baja, casi con miedo. A diferencia de los hombres, quienes se jactan de lo que tienen, de su tamaño y de lo que pueden hacer con ello: dar y sentir placer. Pero, lo que no dicen muchos, es que también lo utilizan para producir dolor, daños físicos, mentales y psicológicos a las mujeres, cuando abusan de ellas (sea su pareja, una extraña o una conocida) como lo muestran las estadísticas de mujeres asesinadas y víctimas de vejámenes (tanto violencia intrafamiliar como violación carnal) que se mencionaron en “Los monólogos de la vagina”, pieza teatral que está en cartelera hasta hoy domingo en el Teatro Inida, en Albrook dirigida por Félix Gómez.
En broma y en serio, tres reconocidas actrices hablan sin tapujos de la doble moral social, de los nombres ridículos con que se bautiza a la vagina en distintos países, del orgasmo, de la frigidez sexual, el fuego uterino y temas similares. Hasta de ¿y por qué no?, crear el Día “V”, Día de la vagina.