Variedades

La Tía Dora deja una gran estela de luz

A diferencia del Libertador, partió con la satisfacción de que no aró en el mar.


Rosalina Orocú Mojica (rosalina.orocu@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Su amor por el teatro es lo que mantuvo activa a Dora Mckay, conocida como Tía Dora, hasta hace un par de años, en que se replegó. Eso sí, sin desaprovechar cada oportunidad que tuviera al alcance de darle un consejo oportuno a alguien que deseaba hacer teatro y destacarse.

De sus 93 años, dedicó más de 75 a la enseñanza de las artes escénicas. Mejor aún, tuvo un papel muy importante en la formación de más de 5 mil niños.

No se concretaba a enseñarles cómo cantar, bailar o actuar. Amorosa, pero firme, les transmitió valores fundamentales, a la par que el amor por el teatro.

Es que estaba convencida del impacto del teatro en la sociedad. Pero también sabía que es un instrumento que ayuda a la personalidad porque no solo se adquiere desenvoltura y se aplican habilidades innatas o aprendidas para comunicarse a través de la danza, el canto y la actuación.

Esos niños que acudían a sus clases pudieron darse cuenta de que también por medio del teatro se aprende sobre la vida, la historia, las personas, lo correcto, lo incorrecto, lo admirable, lo abominable, lo bello, lo grotesco, se desarrolla empatía, tolerancia se aprende a amar la vida (de las personas, animales y plantas) a respetar, a organizarse, se toma conciencia de que todo tiene una causa y un efecto, se adquieren hábitos como disciplina, responsabilidad, puntualidad, se aprende a trabajar en equipo, se desarrolla la imaginación, se explota la habilidad de comunicar con el cuerpo, se comprende que el silencio también es una herramienta del ser humano para mandar mensajes.

Tía Dora sabía que los niños son como tierra fértil. Por eso ponía todo su empeño en sacar lo mejor de cada uno, en lograr que se autodescubrieran.

Los aplausos eran para ellos y ella el mejor regalo.

Sentirse rodeada de pequeños que querían abrazarla y tomarse fotos con ella era un goce para la golosa Tía Dora, que también disfrutaba con ellos un pedazo de dulce, un refresco y reía con las ocurrencias de los más chiquitines.

Se sentía como pez en el agua viéndolos cantar, reír, bailar, repetir los parlamentos... siendo tan espontáneos, puros e inocentes. Ellos hablaban como loritos. A veces hasta sin esperar turno, se quitaban la palabra uno al otro con tal de ganar su atención.

Tuvimos la oportunidad de entrevistarla varias veces y pudimos ver el estrecho lazo entre ella y sus alumnos, cuando fuimos a su cumpleaños N.° 91, en el que también estuvieron Marisín Luzcando, Eduardo Osorio, Francisco Javier Castillo Loaiza, Ferdy Alexandra Chirú Degracia, Fanny, Daniela, Noemí Degracia, Angeluz, Raiza Banfield, Paula Cristal, Raúl Bernal, sus nietos Xochilín y Diego y por supuesto su hija Xochitl.

Ese día, hizo unas ‘travesuras’. Se dio gusto comiendo torta de chocolate y nos hizo una confesión, riéndose como niño cogido en trampa. Ese día dijo también estar enamorada de un conocido personaje de la política panameña.

 

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847832
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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