Variedades

La vasectomía, una opción responsable


El cuadro social de esta historia recoge a María Eduvigis, mujer nacida en las entrañas mismas de la Provincia de Veraguas, 6 hijos, a Pedro, su esposo, también de Veraguas y actualmente desempleado, con su rostro reflejando impotencia, frustración y, por qué no, desesperanza.
Residen en -no sabemos si llamarla vivienda-, ubicada en un área en el Distrito de San Miguelito, junto a otras que integran un núcleo habitacional, poco tiempo atrás se le denominó "Barriada Bruja", pero debido a la ironía social de los que pretenden con paliativos e insignificancias disimular su poco interés por el dolor del pueblo, la han bautizado como "Asentamiento Humana Espontáneo".
La radiografía de la vivienda de los esposos y sus hijos de esta historia refleja las condiciones de muchas otras miles y miles en igual o peores circunstancias :piso de tierra, servicios sanitarios inexistentes, agua que recogen de la lluvia -cuando el tiempo es benévolo con ellos y llueve- paredes mixtas (hojas de zinc viejas y cartones), lámpara de kerosene que sirve como adorno ya que no tienen el combustible para iluminar las tinieblas del atardecer o el anochecer. Camas ? sólo percibimos la existencia de 1 colchón y varios pedazos de cartones.
Cuando recibimos en APLAFA la visita de María Eduvigis, nos llamó poderosamente percibir en su rostro varias características. Una que aparentaba varios años más de los 25 que declaró. La palidez del mismo denotaba la presencia peligrosísima de una anemia perniciosa. Nos dijo que su interés era regular su fecundidad de manera permanente a través de la cirugía anticonceptiva, ya que le era imposible lograr otro embarazo, sin embargo, por su edad, en el hospital no la calificaron como candidata a la esterilización voluntaria.
Esta mujer ha tenido 7 gravas, de las que resultaron 6 hijos vivos y el último fue privado del derecho a vivir a través de un aborto intencional cuyo costo fue de B/.10.00 que logró conseguir a través de una buena vecina. Pero le costó 6 días y 6 largas noches con fiebre y dolores profusos producto de la mala práctica, realizada en la interrupción de su embarazo.
Conocimos en esta visita a Pedro, su esposo, quien estaba acompañado de los 3 hijos más pequeños. Las fisonomías de estas criaturas despertaron malicia en nosotros. La somnolencia y esa especie de pereza, acompañada de fatiga, piel encogida, sudoración y palidez eran signos evidentes de la desnutrición, producto de la enfermedad más infame sobre la tierra : EL HAMBRE.
Cómo es posible que frente a una situación como ésta, las normas que se implementaron impiden ver al fondo de su dignidad humana. Porqué se insiste en creer que la mujer debe ser una máquina reproductora, sin importar algunas veces su salud y las condiciones de vida de los seres que procrea. Aunque respetamos y hasta comprendemos las razones que aducen las autoridades de salud en relación las cirugías anticonceptivas, muchas veces no las compartimos, como el caso que nos ocupa, donde una pobre mujer, enferma y sobre todo incapaz de seguir procreando, no califica para dichas operaciones por el hecho de no haber cumplido la edad mínima para su realización.
Cruzarnos de brazos frente a una situación como ésta sería irresponsable de nuestra parte. Enviar notas de reconsideración a las autoridades hospitalarias nos hubiera podido hacer perder un tiempo valioso ante la urgencia de tomar decisiones y solucionar de una vez por todas los aspectos relacionados con la fecundidad en esta pareja, por ello, Pedro se convirtió en nuestro objetivo inmediato.
Sabíamos por experiencia que un hombre como él, producto de la pobreza en nuestras campiñas, acompañada de la baja escolaridad no sería un individuo fácil de convencer sobre las bondades de la cirugía anticonceptiva voluntaria para varones, las que se realizan en APLAFA con bastante regularidad.
Los recursos a nuestro alcance, compuestos de películas, panfletos, láminas y sobre todo un excelente mecanismo de convencimiento por medio de la Consejería, nos permitieron lograr que Pedro accediese a una operación muy segura, fácil y sobre todo que representa la opción responsable del varón para integrarse a los Programas de Planificación Familiar, basados en el ejercicio responsable de su sexualidad y en la práctica de una paternidad también responsable.
Estamos convencidos que cada día más y más varones se interesarían por participar de estos programas si el mecanismo informativo y/o educativo llegara a ellos.
Existen instituciones donde mayoritariamente laboran varones. Las Cervecerías, Empresas de Producción de Cemento, Fábricas de Embotellamiento de Gaseosas, la Policía Nacional, y muchas otras que bien pueden tomar en consideración la importancia de lograr una estabilidad familiar a través de una paz mental de sus empleados. De ahí que sepan que una institución como APLAFA brinda todos estos servicios que le permitirían comprender la importancia de que la responsabilidad varonil también puede ponerse de manifiesto a través de la inclusión en los Programas de Planificación Familiar.


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65947
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América