La biografía autorizada revela detalles personales de los llamados "Patrones de la Cumbia", de voz de sus padres, humildes seguidores y principales admiradores de sus hijos, quienes han logrado un sitial importante tanto a nivel local como internacional.
"Samy y Sandra: la historia", es un libro en el que se describe cómo los jóvenes monagrilleros, a punta de esfuerzo, dedicación y tenacidad, logran el sueño de convertirse en artistas. A pesar de que la temática puede ser confundida con la de un cuento de hadas, el realismo de la obra se pone de manifiesto a través de las vicisitudes y rechazos, que, en un principio, debió enfrentar la familia Sandoval.
El libro describe, en un lenguaje sencillo, la personalidad de los artistas, sus amores, temores y su camino a la fama.
Produce una embriaguez inexplicable.
Y aunque suele dar muerte su bebida
En ella está el principio de la vida. Coro
Alcanzamos por fin la victoria
en el campo feliz de la unión;
con ardientes fulgores de gloria
se ilumina la nueva nación.
El progreso acaricia tus lares,
al compás de sublime canción
ves rugir a tus pies ambos mares
que dan rumbo a tu noble misión. Coro
A los besos del tibio terral,
Terminaron guerreros fragores,
Solo reina el amor fraternal.
Adelante la pica y la pala,
al trabajo sin más dilación,
y seremos así prez y gala
de este mundo feraz de Colón. Coro De Panamá preciada
En la vasta campiña perfumada,
Floresta portentosa,
A cierta juventud predestinada
Se extiende en una altura deliciosa
La granja Locería
En medio a la sabana
Que por ropaje, ufana,
Viste una viva alfombra esmeraldina
Cuyo rico follaje sorprendiera
Al mirarlo, a la misma Primavera
Y cubierta de innúmeras vacadas
Y agreste caballadas
Que ya tranquilas pacen, perezosas.
O ya saltan y murgen y relinchan
O corren impacientes y fogosas.
Reina perenne brisa,
Impregnada del puro y suave aroma
Que allí exhalan las hierbas tropicales
Y el verde césped frisa
Que salpican selváticas mil flores.
Como frisan la plácida laguna
Las auras con que anúnciase la luna
Al través de los rayos matinales.
Semejando cambiantes primorosos
Que repiten con luces los colores
De miríadas de pájaros cantores
Que visítanse en árboles y prados
Y bésanse en el aire enamorados.
Elévase la quinta
En medio de un espléndido anfiteatro
De verdes limoneros olorosos;
Mezclados con guayabos corpulentos
Y naranjos frondosos,
Que por la carga gimen agobiados
De sus canarios frutos suculentos.
Allí donde declina
El plano de suavísima colina
Bajo bóveda espesa de follaje
Corre un río de linfa cristalina,
Tan diáfana y tan pura
Que cual espejo nítido figura
En el fondo otra bóveda invertida
En tubo gigantesco de verdura
De extraña e imponderable galanura.
Discurre el río lento
Hasta donde altas piedras encontrando,
Se va precipitando
Por anchas hendiduras,
Que imprimen incremento
Del agua al movimiento.
Una semicascada
Fórmase allí, que lleva a la hondonada
Circular, que es el baño legendario
Baño tradicional y extraordinario
Por su rara belleza,
O su bella rareza:
Es una inmensa concha
Henchida de rocío,
O líquido diamante,
Circundada y cubierta por gigante
Denso bosque sombrío
En el centro vacío
Como una vegetal soberbia gruta,
Cuya altura termina
En cúpula de hojas peregrinas.
En aqueste lugar maravilloso
Al sol desconocido,
Respírase un ambiente delicioso;
Y el alma experimenta
Sentimiento inefable y misterioso
Que le infunde un respeto religioso.
Tiempo lleno de espíritus alados
Que en contornos revuelan invisibles
Y respiran encantos y misterios,
Sólo turba su mágico reposo
De alguna ave la nota entristecida,
O el salto inesperado
De algún reptil acuático que surge
De una grieta, y corre más que nada,
Agitando vivaz por un instante
La superficie tersa y azulado.
Penumbra placentera
Aumenta el atractivo
De aquella habitación hecha por hadas;
Morada indescriptible y hechicera
De sirena y náyades y diadas
Que convida a dulcísimos amores,
Cuan sólo anhela el alma
De tierna juventud en los albores.
Cuántas veces en dulce compañía
De mis queridos y abnegados padres
Y mis nobles hermanos
O los caros amigos de la infancia,
Oh, goya Locería,
Gocé de tus encantos.
¿Qué camino, qué árbol o qué piedra
Habrá, qué viejo tronco carcomido
Que sea para mí, que admirándote he crecido?
Oh Patria amada,
¡cuán admirablemente
por la mano de Dios fuiste dotada!
¿cuándo llegará el día
que pueda contemplarte
en tus vasta llanuras salpicada
de risueños collados que sustentan
pintorescos y alegres caseríos;
En tus grandes, fantásticas montañas;
Tus caudalosos ríos:
Tus magníficos valles siempre verdes;
Tu floresta sin par en lozanía?
¿Cuándo me será dado
volver a mi galana Locería...? Lima, Febrero de 1890.
Martínez Ortega, García de Paredes, Segura Jiménez: Diccionario de la literatura panameña.
Miro, Rodrigo: Itinerario de la poesía en Panamá.