Hoy muchos niños y algunos no tan niños, estarán esperando los regalitos que no llegaron en Navidad y Año Nuevo. El regalo de reyes, se ha convertido en la última esperanza para los que añoran recibir un aguinaldo en las fiestas de la Natividad, porque según muchos, fueron estos magos de oriente los culpables de esa antiquísima costumbre de agasajar con regalos.
Es tanto el entusiasmo por esta fecha, que muchos mantienen la tradición de no abrir sus obsequios durante toda la temporada navideña, hasta el día en que según la leyenda, los reyes magos llegaron a Belén a adorar al niño Jesús, que nació para salvar al mundo de todos los pecados.
Dicen las escrituras que los magos le obsequiaron al niño Jesús, oro, incienso y mirra, que según los entendidos, eran los más ricos productos de sus tierras.
"Oro, para manifestar que reconocían su dignidad real y con lo que demostraron su extraordinaria caridad; incienso, como una confesión de su divinidad y su devoción; y mirra, como símbolo de que se había hecho hombre para redimir al mundo, con lo que simbolizan su total entrega".
Pero el mensaje real de estos llamados reyes de oriente, debe seguir hoy tan latente como ayer y no tiene nada que ver con la regaladera de obsequios materiales. Su presencia es simbólica, interesante y hasta misteriosa.
Y es que, aunque el mundo entero conoce de ellos, pocos saben de dónde surgieron, quién les atribuyó nombres y quién aseguró que eran tres.
Las sagradas escrituras no hablan de números, sólo señalan que fueron magos llegados del Oriente, desde donde viajaron hasta Belén para adorar al Mesías.
Es más, hay quienes manifiestan que estos que llaman magos no eran más que astrónomos, que pertenecían a una casta sacerdotal, que se dedicaba al estudio de las ciencias y en especial de la astrología. Ellos, a quienes alguna vez a alguien se le ocurrió llamar reyes, no eran creyentes hasta aquel día, eran representantes de los pueblos paganos, no judíos, que por revelación se enteraron del nacimiento del Mesías.
El libro "Vidas de los Santos" y la opinión generalizada ha asegurado por años, que eran tres y que representan las tres edades de la vida; juventud, adultez y ancianidad.
A estos magos no se les atribuyó nombres, sino hasta el siglo VI y son meramente simbólicos, ya que Gaspar proviene de una palabra persa que significa tesoreros, Melchor es hebreo y quiere decir "Mi rey es luz" y Baltazar se deriva de una expresión babilónica que significa "Protege mi vida".
Lo curioso es que se ha atribuido que los "tres" reyes eran de diversas razas de los continentes conocidos en ese tiempo: Asia, Africa y Europa, que montados en camellos fueron en busca de Jesús.
Lo cierto es que estamos en plena época de "Epifanía del Señor", lo que en griego significa aparición o revelación, es decir, la revelación de Dios a todo el mundo, representada en esos dadivosos magos o astrólogos, que llamados por el Señor, fueron convertidos en fieles creyentes, tal y como espera que todos acudamos a ese llamado.
Es una tradición celebrada inicialmente en Roma por los católicos desde el siglo IV.
Todo empezó hace 1999 años, cuando los susodichos magos fueron guiados por una estrella en el firmamento, desde Jerusalén hasta una pequeña aldea llamada Belén de Judá.
Los viajeros tomaron la decisión de seguir el divino llamamiento y cumplieron con su misión de encontrar y adorar al Mesías.
Lo importante es que hoy, como entonces, cada creyente recree el ejemplo de aquellos Magos y no sólo encuentre a Jesús, lo adore y le ofrezca espirituales obsequios, sino también lo manifieste y lo dé a conocer. La idea es seguir el camino de luz que nos ha dejado Jesús, con fe, esperanza, amor y verdad. Ah! Y si quiere regalar, hágalo con sentimiento y alegría, porque ahora conoce el verdadero significado de la misión de los populares Magos de Oriente. ¡Enhorabuena!