Las muñecas "Blythe", comercializadas en los años 70 en EE.UU. y cuya venta fue retirada del mercado porque daban miedo a las niñas, se han convertido en fenómeno de culto para artistas plásticos y coleccionistas, que personalizan estos ejemplares para crear personajes únicos.
La customizadora de muñecas “Blythe”, María Sánchez, explica a Efe que se inició en el mundo de la personalización a raíz de ver una postal de la fotógrafa estadounidense Gina Garan, que las tomó en los 90 a modo de antigüedades como modelos para fotografiarlas, y a partir de ahí ha inspirado a publicistas e ilustradores.
"Yo tengo que hacer esto", pensó Sánchez, más conocida en la red como Cocomicchi, cuando vio la imagen, afición que ha compaginado desde 2008 con su trabajo, aunque se plantea dedicarse a ello de manera profesional.
Customizar proviene de la palabra inglesa "customise" (personalizar) y hace referencia a un proceso que comprende quitar el "maquillaje de base" de la muñeca, el tallado de la cara, la pintura, el cambio de pelo de fábrica y la confección del vestuario.
La artista señala que le gusta crear personajes de fantasía con un toque realista, para lo que se inspira en Dalí, películas, objetos fetichistas, la noche, el mundo gótico y más.