Entender que cada persona es única, irrepetible y que por lo tanto nadie actúa igual a nadie y lo que es más una misma persona puede actuar diferente ante situaciones que parecieran iguales es importante a nivel del trato de madres y padres en el hogar a sus hijos, en el plano escolar (donde los/las maestros/as y profesores/as no deben esperar que los/las estudiantes aprendan al mismo ritmo) y en general en la vida comunitaria.
Del tema anterior se ocupó la psicoterapeuta Lizeyca Villamil, quien en reciente conferencia hizo alusión a la necesidad de tomar en cuenta tales diferencias, porque esto les puede servir para ayudar a otros/as a aprender, para comprender por qué les es más fácil adquirir algún tipo de conocimiento y más difícil otros, el por qué de sus habilidades en unas áreas y su falta de agilidad física o mental en otras.
Y es que, según explicó, hay personas que tienen más facilidad para aprender con estímulos visuales (imágenes y colores), otras con auditivos (lenguaje verbal, sonidos), así como hay las que son mejores clasificando y trabajando con cosas abstractas. También están las que lo hacen mucho mejor utilizando el tacto, números y, no podemos olvidar a quienes son mejores exponiendo, relatando y cooperando con otros/as.
La parte de la inteligencia emocional también tiene que ser aprendida, fortalecida y tomada en cuenta, según puso de relieve la fuente, quien dijo que especialmente en los niños se deja de lado y a la larga esto les afecta en su vida adulta.