Usted pensará que el cacareo de una gallina y John Sebástian Bach no tienen nada que ver.
Pues desde acá, desde la BBC en Londres, le voy a decir que está cometiendo un craso error.
La Unión de Granjeros Británicos ha descubierto que las gallinas son muy sensibles a Bach o Tchaikovsky y, bastante más listas que muchos humanos, no aprecian para nada a Kylie Minogue o Britney Spears.
Tan sensibles son a los encantos de la música clásica que ponen huevos a lo loco cuando escuchan una sinfonía o un cuarteto de cuerdas.
Con alma científica, Bourns probó con música pop, pero no hubo caso.
"La música pop cambia mucho y hablan mucho los locutores. Para pesar de mis hijos, las gallinas prefieren la radio de música clásica", dijo el granjero Charles Bourns.
Esto seguramente será un nuevo aporte a la psicología laboral que, desde los años 30, ha tratado de encontrar cuáles son las condiciones de trabajo ideales para mejorar la productividad.
En cuanto a la psicología específica de las gallinas, el hallazgo de la música clásica se corresponde con lo que uno observa, porque las gallinas dan la impresión general de excitabilidad y nerviosismo, con ese cacareo aparentemente absurdo y sus saltitos histéricos.
Uno se imagina que si la música clásica las apacigua y el pop las alborota, el rock o el heavy metal deben enloquecerlas por completo y su productividad gallinácea debe reducirse a la nada si les ponen Deep Purple o los Guns n' Roses.
No obstante ahora requiere de una grabadora y música clásica que active los sentidos de la gallina. Y a esperar que se dediquen a poner.
Según los granjeros, los precios se mantendrán, ya que hasta el momento no hay nada que diferencia la yema de un huevo con otra, desde el punto de vista científico.
Sin embargo, es un nuevo descubrimiento bastante curioso.