Hoy, a los 37 años de fundado, han desfilado por la escuelita de Tía Dora miles de niños y niñas, de diferentes estratos socioeconómicos, religiones y razas. Y con sus manos ha moldeado, creado y educado a todos estos niños y niñas como si fueran propios. Así como el escultor moldea sus figuras en arcilla, Tía Dora tomaba de la mano a niños talentosos artísticamente de diferentes escuelas y los convertía en príncipes, lobos, reyes, mendigos en sus clases de teatro. Todo lo que la fantasía permite elaborar para las mentes ávidas de los infantes, se hacía realidad en el Teatro Tía Dora.
En la escuela de Tía Dora se vive todos los días una historia, un cuento, una magia que se convierte en la realidad para estos pequeñines. Momentos que los alejan de violencia y tristezas. Porque eso es el teatro; es una ilusión que se hace realidad. Es la imaginación que se lleva a escena y luego acaricia y cautiva al público que lo rodea.
Cuando se ha tenido la experiencia maravillosa de enseñar a niños, se llega a la conclusión de que muy por el contrario de lo que se cree, en vez de ser uno el que les enseña a ellos, la mayoría de las veces son los propios alumnos y alumnas los que no enseñan a nosotros, cada día, con su ternura, su inteligencia, su sabiduría, las cosas que como adultos hemos dejado de aprender.
Y es así como todos los sábados, por ejemplo, aprendo de María Victoria Soriano y Michelle Endara, dos niñas con Síndrome de Down que estudian exitosamente teatro, lo que es el amor que se siente a través de sus manos, de sus miradas y de sus abrazos. Porque todo en ellas es ternura al igual que en las manos del resto de las niñas y niños de la escuela. Una vez, mi prima Vilma Barba, me preguntó si seguiría enseñando teatro aun teniendo la profesión de Psicología, a lo que respondí: "Sí... Porque cuando lo hago, siento las manos de Dios guiándome para que siga haciendo teatro infantil".
Como las manos están de moda últimamente, en vez de manos suaves, largas, negras, blancas o duras... les ofrecemos una propuesta diferente. Si Usted, estimado lector o lectora, es al igual que los que trabajamos en el Teatro Infantil Tía Dora, fanáticos y defensores de la niñez y del arte en toda su expresión, los invitamos a que se nos unan en esta actividad educativa y cultural para seguir moldeando manos. Pero manos muy especiales, las del arte, las manos de los niños y niñas del Teatro Infantil Tía Dora.
(*)La autora es Psicóloga y Directora Encargada del Teatro Infantil Tía Dora. Lejos del meridiano de tu risa pétalos,
de tus agudos labios desinflados de amor de
protestas,
casi hubiera creído que tu apagada voz de luna consumida
y tus cerrados dedos de luchador empedernido y trunco
no fueran para mí más que retórica de muerte
brotando a borbotones de un fonógrafo.
Pero tan es mi realidad que solloce en tu muerte lejana y
hemisférica,
que enlute el corazón por tu aventura bellamente cumplida
de joven buzo sumergido en banderas de esperanzas,
que hoy siento, con el trópico de mis sueños impávidos
el peso de tus nervios derretidos y el sabor de tu
sangre desbocada
por las tiernas raíces de mi lengua. Nada quiere decir tu eterna lejanía opaca sobre el reloj
de mi cerebro atropellado por tu herida,
que tu presencia es inmutable y fresca aunque los mapas
rabien,
que hablo sobre tu viva angustia prisionera del lodo y
del gusano
como si yo tuviera que clavarme en tus sesos para
sentirte cerca,
para indentificarme mis con el secreto fósforo que encendía
tus dientes
más allá del delirio rojo del puñal y del rifle.
diferente,
el álgido hundimiento de tus manos con su pesado y denso
estrépito de agravio consumido
no llenara de círculos amargos el agua acostumbrada
de mis ojos,
ni pudiera entender el despilfarro de tu galante corazón
de guerrillero
rodando por las charcas de cráneos oxidados y profundos
como una lujuriosa estrella de vidrio ensangrentado y
dulce.
Si no hubiera sentido tus músculos de cobre bendecidos
de púas,
tu palabra de fuego limpia de madreperlas y adornos insensibles,
tu jocundo silencio repleto de horizontes y pájaros
colmados,
todos estos sollozos extraídos del árbol de mi angustia
se hubieran extraviado por las oscuras rampas de niebla
de tu muerte
antes de que los ángeles hubieran hundido sus metales en
mi voz aplomada.
("Adán Liberado") Rojo ha de ser el estupor naciente
batiendo entre la sangre de los muertos
su infinita bandera de esperanzas
cuando la aurora diga su mensaje
de luces tras la noche del martirio. Si la espera es tan larga como un río
dando vuelta entre valles y montañas,
las raíces de amor serán más hondas
y las manos opacas de la vida
se abrirán como pétalos del cielo.
con los vientos del mar y de la tierra
de este hallazgo recóndito y perfecto,
mi voz ha de subir hasta la rama
más alta del dolor crucificado. Tan sólo así podré saberme libre
de mezclar con mi arcilla sin congojas
la miel fraterna de los labios mustios
de todos los que mueren en silencio
porque sigan creciendo sus palabras. No se si bajo o subo desde planos
distantes del reposo que por tu carta encuentro,
un reposo de sangre y una silla de llamas:
un sitio donde el aire tiene tu angustia lengua.
Sé que aquí estoy interrogándome
igual que un lirio que de repente se doblara
por su propio color y el peso del rocío,
y que tu nada sabes
del arpa que sucumbe bajo una mar de espinas.
negro cruza la plaza del pueblo con que sueñas:
un pueblo sumergido en tus cabellos
con hombres, frutas, ríos, turpiales y ventanas
que, tal vez, nunca a flor de piel será realmente tuyo,
porque nada es de nadie
en ese pueblo de relámpagos
que yo también habito en tu memoria:
¡oh dulce hoguera lejana y vespertina! Ahora pregunto: ¿Dónde está el agua que en tus manos
desafiaba la noche e impelía
tu cuerpo al fondo de una inmensa calma
rodeada de peces amorosos?
Desde entonces miraste muchas cosas
y ninguna otra máscara habrá quedado
igual a la de un ángel sin alas y desnudo
añorando tu patria de labios encendidos.
He contestado que tu risa era lo que el viento
traía entre las hojas de los mangos;
que el quejido de muchos animales
algo tuyo tenía al volver de la espuma y de la nada. Dirás que mis palabras son oscuras
y que sólo te entrego un vaso de tinieblas
cuando es tu sed de rosas blancas.
Pero ¿lo oscuro no es también lo claro
y no la carne arcilla mezclada
de agua gris y luceros que el día lentamente borra?
La voz del bardo y los antiguos dioses
es una alfombra de mil hilos trenzados,
y solo uno de ellos nos conduce
de la vida a la muerte sin desvíos.
tienen nostalgia de los grillos y las uvas silvestres,
de las iguanas que todavía corren por tu sangre
devorando raicillas
y la música lenta del recuerdo.
Llueve dentro de ti y apenas si te moja
el oleaje de azules ruiseñores
que cantan en tus sienes
y alejas con un gesto de náufrago dormido,
mientras cruzan por tus ojos millones de automóviles
hacia los últimos arbustos
que aun retienen al cielo en su follaje. No puedo verte
cargar sobre tus manos la culpa de Hiroshima,
la parte que te toca de esa sangre quemada
que aulla en medio de los prósperos años como un perro de oro. No puedo verte correr tras de los negros
(barro un poco cocido y nada más, si no lo sabes)
con una tea y después, engullir, el Día de Gracias,
un pavo como un niño de Kentucky. No puedo verte derramar, allá en Los Ángeles,
tu castillo te helechos y neblina,
un oscuro desprecio en el rostro florido de antiguos mexicanos
que te ayudan a ser fuerte y sobre ellos ejecutas tu pujanza. Ves: los poetas no están mudos
sólo que pocos son quienes escuchan,
porque es más fácil comer ostras
en copas de cristal y llevar a los labios
dulces manzanas limpias de ceniza,
y decir luego, la voz del histrión es la que vale,
aquella que acaricia nuestro orgullo
como un gato de angora. Pero tú eres distinta y yo te anuncio
que el hombre siempre comerá su pan de versos
y beberá su vino
cuando el amor construye las torres de esmeralda
en los días nupciales,
o cuando las deidades misteriosas
penetran el dormido ser de un niño,
y la muerte lo carga entre sus brazos
húmedos como el mar y como el mar profundo. Ahora te digo adiós. Tal vez mañana
si crecen, nuevamente, jazmines alrededor de tu memoria
un caballo de fuego correrá por el aire
y pasará ante tu puerta.