Un sinnúmero de situaciones, entre las cuales hay algunas que las personas ven como normales, son actuaciones que conllevan violencia. Estas actitudes de unos/as hacia otros/as se dan a nivel de la pareja, de jefes hacia subalternos y a la inversa, en las relaciones entre padres/madres e hijos/as,
Procedemos a enumerar unos cuantos hechos de la vida cotidiana, en el caso de la pareja, para ilustrar un poco a los/lectores sobre el fenómeno de la violencia que cada día causa más problemas y traumas a nivel individual, familiar y social.
Su pareja le dice, aunque sea en tono sonriente y mientras le acaricia, "mi gorda, te quiero tanto", aunque sus ojos se vayan detrás de la flaca de la esquina o de alguien menos "rellenita".
Revisa su ropa (la huele la ropa para ver si está impregnada de colonia o perfume distinto al que usted usa) y enseres personales en clara demostración de desconfianza.
Le sigue a todas partes como perro sabueso y se lo pasa martirizándole la vida llamándola al celular, a la oficina, donde su madre, etc. · Le impide visitar tan frecuentemente como usted quisiera a su madre/padre, hermanos/as, amigos.
Cada vez que sale le pregunta para dónde va. Cada vez que llega le pregunta de dónde viene y, como si estuviera monitoreándole los pasos le pregunta dónde estaba y por qué se demoró tanto, etc.
Le dice cosas como "deberías ver la salsa de hongos que mi mamá prepara, deberías aprender a cocinar como ella". Se lo pasa comparándola con otras mujeres y en las comparaciones usted siempre sale perdiendo.
Cuando llega a la casa y ha tenido un día difícil pasa de largo y ni la determina, encuentra que la comida sabe mal, se lo pasa refunfuñando porque si los carros pitan, los niños juegan y ríen en voz alta, que si ya usted no es la misma chica guapa con la que se casó, que si los vecinos hacen ruido, que el calor, que dónde está el control remoto de la televisión, etc.
Le dice que no está disgustado y que no le pasa nada, pero, sin embargo su rostro (ojos, mandíbula), sus manos (puños crispados) y su voz indican que está como en son de guerra y, para completar el cuadro su pisada es fuerte y qué casualidad que las cosas se le caen y rompen su paso.
Le tira la puerta en las narices y se lanza de bruces en la cama y cuando usted le pregunta qué le pasa le gruñe, le sale con una grosería, una vulgaridad o sencillamente la ignora.
Usted le dice que no quiere tener relaciones sexuales, pero él hace caso omiso y casi hace uso de usted sin su consentimiento y, para colmo de males le restriega en la cara que tiene celulitis, que llantas, la piel flácida, en fin. Siempre quiere la pechuga del pollo y los demás que se coman las alitas, el pescuezo y los huesitos, si es que deja algo. Siempre está tan cansado o tan ocupado que no tiene tiempo para atenderla, ni a sus hijos/as. Ya no la saca ni a la esquina y cuando lo hace es a regañadientes y se lo pasa quejándose de lo que gastó en usted.
O, lo que es peor, cuando usted le reclama que por qué ya casi ni la saca y le reprocha que ya no es como cuando eran novios, le echa en cara que la otra vez la llevó al partido de fútbol o a algún otro lugar como el cine, pero, lo que no se acuerda es que vieron la película que él quería.
La colma de bienes materiales pero no le dedica tiempo ni le dice frases cariñosas. Y, como invierte tanto en usted, le da a entender que no tiene derecho a quejarse y debe estar disponible para él cuando así se le antoje.
Usa diminutivos o aumentativos hirientes para llamarla o a los/las niños/as. Cuando habla de los/las hijos/as de ambos suele referirse como "tus hijos".
Nunca tiene un elogio para las cosas que usted dice o hace. Le retira la ayuda económica a los/las hijos porque se peleó con usted. Usted le muestra su último corte de cabello o un vestido que se compró o el plato que preparó y no le da mayor importancia o halla algo qué criticarle.
Le quita méritos a los logros suyos y los de él los exagera. Se sienta con usted a ver la televisión y no es capaz de entrecruzar ni una palabra ni siquiera entre los comerciales.
Observe más a su pareja, que los ejemplos que hemos puesto aquí, de hechos cotidianos, son aplicables a hombres y mujeres y con estos comportamientos lo que se da a entender es "no me importas"; "no te quiero lo suficiente", sólo "mato" el tiempo contigo" y cosas por el estilo. Son campanadas de alerta que indican que la relación se ha vuelto rutinaria, que el aburrimiento, indiferencia, tensión, frustración, violencia y otros elementos enemigos del matrimonio están ganando terreno y que la relación se está resquebrajando.
Empezar a identificar cuando su pareja está perdiendo el control es clave para prevenir maltratos y evitar seguir siendo víctima de violencia intrafamiliar, aunque, romper el silencio cómplice es siempre el primer paso para salir de esta espiral de violencia que hace sufrir, incapacita y hasta puede causar la muerte.
Tanto el hombre como la mujer necesitan tratamiento especial y terapia (tanto individual como con grupos de maltratadores él y de sobrevivientes de violencia intrafamiliar ella)
En parejas que han recibido terapia con la psicoterapeuta Mercedes Ruíz, quien es también directora de la Clínica Psicológica y de Terapia Familiar de la Universidad Santa María La Antigua, USMA, ella aconseja tanto al hombre ofensor como a la mujer abusada estar al tanto de ciertas señales que indican que puede desencadenarse la violencia.
El debe, por ejemplo, advertir: "estoy perdiendo el control, prefiero que no sigamos discutiendo porque estoy perdiendo el control". Ella, al percatarse de ello, no debe seguir discutiendo y debe salirse del lugar donde está para no ser agredida".
Ciertas indicaciones sobre qué hacer/no hacer, decir/no decir, son sugeridas en un Contrato de No-violencia a nivel terapéutico, que es requisito para ser atendidos en la Clínica y que resulta de gran ayuda para ambos en ese esfuerzo por tratar de superar la violencia en el hogar. Se trata de un compromiso que asumen y deben esmerarse en cumplir, según dijo la entrevistada.
Puntualizó: "Quienes ponemos las condiciones somos nosotros: hay que ponerles límites. Es un problema que se está desbordando y hay que poner como una represa".
En el contrato el agresor se compromete a "no agredir u ofender verbalmente a ningún miembro de mi familia y en particular a mi esposa". Así mismo, con su firma el ofensor adquire otros compromisos tales como:
No utilizar palabras obscenas, frases degradantes, comparaciones maquiavélicas que atenten contra los miembros de la familia.
No utilizar a mis hijos, ni a las mascotas, para controlar y torturar a mi esposa (o).
No destruir los bienes materiales de mi esposa (o) para controalr y agredirle.
No utilizar el dinero como un arma de agresión hacia la familia.
Salirme de la habitación si siento que voy a ser física o verbalmente agresivo (a).
La persona que es agredida, por su parte, se compromete a: No continuar discutiendo si hay advertencia de posible violencia, salirse de la habitación y señalar que me salgo porque no es el momento para continuar con la discusión y a solicitar ayuda de amistades, familiares, policías, centros de atención especializada o albergues, etc.
La terapia de pareja no está indicada como el primer tipo de tratamiento para estos casos, dijo la Licda. Ruíz, quien añadió que en la Clínica de la USMA se atienden casos de violencia intrafamiliar sólo cuando el ofensor está asistiendo a un grupo de autoayuda y la mujer a terapia grupal o individual.
Por otro lado, informó que estudiantes de psicología de la USMA están haciendo una investigación sobre el maltrato, como parte de la Campaña de Prevención contra el Maltrato que lleva adelante este centro de educación superior y que incluyó capacitación al personal docente, administrativo y a estudiantes sobre este fenómeno social que atenta contra el bienestar y estabilidad familiar, siendo sus principales víctimas la mujer y los/las niños/as.