En la cordialidad intervienen también las palabras que se dicen y el tono o calor que se pone en ellas. Investigadores del lenguaje estudian el grado de afecto de las palabras que se emplean, incluso de las que significan lo mismo.
Son interesantes los adjetivos que las acompañan: entre decir "niña" o "mi niña" hay un mundo de diferencia, un sencillo "mi" ha llenado de ternura la palabra.
Las palabras van acompañadas de un sonido que aporta además elementos de cordialidad. Muchas veces es el tono empleado el que pone o quita cordialidad a las conversaciones.