Al haber acampado en Isla Cébaco en el Golfo de Montijo de la provincia de Veraguas, nos convencimos de que no sólo el Caribe panameño es un paraíso; en el Pacífico también hay islas de singular belleza. Coiba y Contadora son ejemplos bien conocidos, pero qué otros paisajes recónditos podrían haber en el océano descubierto por Balboa?
Llevamos nuestro equipo de acampar y nos dirigimos hacia el aeropuerto de Albrook para tomar el vuelo comercial a San Miguel. Nuestro plan era el mismo que en anteriores exploraciones a otras regiones: llegar al pueblo, conocer a los pescadores y negociar un precio justo para que nos llevaran por todas las islas hasta el final del archipiélago de Las Perlas.
El vuelo salió alrededor de las 4 de la tarde. Estábamos en pleno invierno y como era de esperarse, tuvimos que despegar bajo el aguacero... durante el vuelo nos percatamos de que el avión tenía goteras. Pero bueno, nuestro espíritu aventurero nos hizo olvidarnos de las no precisamente óptimas condiciones de la aeronave y nos dedicamos a observar el paisaje desde el aire y a filmar el aterrizaje.
Contrario a lo que podría pensarse, ni siquiera fuimos a Contadora. Aquella isla es hermosa, pero ya ha sido totalmente explorada. Esta es la razón por la cual tomamos el vuelo a San Miguel. Cuando llegamos negociamos con los pescadores (como es nuestra costumbre) para que nos llevaran por los siguientes dos días a conocer las distintas islas del archipiélago.
Visitamos la isla de Pedro González en donde conocimos al cabo Saavedra del Servicio Marítimo Nacional quien gentilmente se ofreció a acompañarnos en parte de nuestro viaje. La isla de Pedro González es una de las más grandes del archipiélago y alberga a la población del mismo nombre, sin embargo, en las partes no habitadas encontramos innumerables playas que nos invitan a acampar en ellas.
También visitamos la población de La Esmeralda. Este pintoresco pueblo queda en el extremo sur de la Isla del Rey, que es la isla más grande del archipiélago y su gente es realmente hospitalaria. Llegamos al pueblo y una amable señora nos ofreció un delicioso sancocho recién hecho. en la Esmeralda vimos algo único en el mundo: una palmera, que por designios naturales tenía tres cabezas.
Continuamos nuestro viaje hasta rodear el extremo sur de la Isla del Rey. Este lugar se conoce como Punta Coco y en él hay una base del Servicio Marítimo Nacional y un aeropuerto construido por los Estados Unidos. Actualmente sólo el gobierno utiliza este aeropuerto, pero vimos en él una tremenda oportunidad para desarrollar turísticamente el lugar. Pudimos observar hermosas playas que se extienden por kilómetros.
Pasamos cerca de la isla San José, en donde recientemente se construyó un "resort", pero nuestros guías (los pescadores) nos informaron que el acceso a la isla está prohibido dado el descubrimiento de diversos tipos de armas de los Estados Unidos que podrían estar "vivas".
Hacia la cara Este de Isla del Rey está la isla Santelmo. Aquí nos causó gran sorpresa encontrarnos en la playa con una nave que por su estructura aparenta ser un mini submarino. Los pescadores nos dijeron que desde que ellos tienen memoria la nave había estado en esa playa. Sus padres les habían dicho que esa nave era de la Segunda Guerra Mundial. No estamos seguros de lo que es, pero aquí les presentamos la foto que tomamos...
Debíamos regresar a San Miguel ya que teníamos que tomar el vuelo comercial de vuelta a Panamá. Se nos estaban terminando nuestros cortos días de vacaciones en el paraíso y teníamos que regresar a trabajar, pero aún hubo tiempo para explotar un par de islas más. Casayeta, Casaya, Vivero, etc. En cada isla encontramos paisajes dignos de admirar
Estábamos navegando cerca de San Miguel por un lugar en donde ya habíamos pasado el primer día, antes de irnos a La Esmeralda, y nos llamó la atención el hecho de que ahora estábamos frente a un precioso banco de arena en el medio de la nada... era de arena fina y blanca y tenía algunas formaciones de roca en un extremo. Este lugar no lo habíamos visto antes cuando pasamos por ahí. Los pescadores nos revelaron lo obvio: la marea estaba baja y el espectáculo natural que estábamos viendo sólo se podía apreciar en aquellas condiciones. Desembarcamos en este temporal caprichoso de la naturaleza y nos relajamos en la playa. Entre la arena encontramos piedras calcáreas con tallados naturales casi perfectos y entre las rocas y piscinas naturales dejadas por la marea, pudimos observar cancrejos enormes y de variados colores.
Ya se nos estaba haciendo tarde para tomar el avión así que apresuradamente nos dirigimos a San Miguel. No contábamos con que la marea estaba baja y todos los botes que en el primer día habíamos dejado flotando ahora estaban sobre la arena como esperando a que regresara el agua. Tuvimos que caminar medio kilómetro entre los botes con todo nuestro equipaje a cuestas por el lugar en donde hasta hace un par de horas estaba el mar.
Para nuestra suerte y a pesar de estar en pleno invierno, el astro rey nos acompañaba en ese momento, tal y como lo hizo durante la mayor parte de nuestra travesía y por lo menos ahora que nos disponíamos a abordar el avión, no tendríamos que enfrentarnos a las goteras.
Veraguas y Panamá no son las únicas provincias con bellezas en el Pacífico. Muy pronto les contaremos de nuestras aventuras marinas en otras regiones del sur de nuestro país.