Variedades

Las víctimas olvidadas del Alzheimer

Para evitarles mayor confusión (especialmente a los niños muy pequeños) y sufrimiento, dijo la especialista que es necesario hacerlos partícipes de la situación. En términos sencillos es recomendable explicarles que el/la abuelito/a está enfermo/a y por eso es que hace cosas que a ellos pueden extrañarles: como orinarse o defecarse en la ropa (sala, pasillo, cama, etc.), ponerse el pantalón y encima el calzoncillo, agarrar la comida con las manos en vez de con los cubiertos, comerse crudos alimentos que debiera ingerir cocidos y beber de la refrigeradora agua a pico de botella.


La Dra. de Alba, ilustró sobre la materia recientemente en evento organizado por la Asociación de Apoyo a Familiares y Amigos de Personas con Alzheimer y otras Enfermedades Demenciales, AFAPADEA.
Recalcó la importancia de ayudar al/la niño/a y adolescente a ser más responsables y a estar pendientes de su abuelo/a y tratar de entender que su conducta es producto de su enfermedad y no de desapego hacia ellos. Según puso de relieve, se les debe incorporar, de acuerdo a la edad, prepararlos para el manejo de estos cambios de conducta sin que salgan heridos ni hieran al/la abuelo/a, quien está hipersensible.
Ella aconseja no atiborrar a los niños chiquitos con tanta información que no les aclara nada. Debe dárseles sólo la información necesaria para que entiendan que el/la abuelito/a está enfermo, necesita ayuda y comprensión aunque actúe diferente. No hay que colocar tanta carga emocional en los pequeños, porque les afecta de varias maneras. A saber:
  • Puede afectarles su rendimiento en la escuela.
  • Pueden también, por ejemplo, orinarse en la cama.
  • Experimentan falta de concentración (están como idos en el salón de clases, absortos mirando hacia el techo o soñando despiertos).
  • Sienten que las cosas no son como antes. Añoran los tiempos en que el/la abuelito/a les compraba dulces, les leía cuentos, los llevaba a las clases de ballet o prácticas deportivas, cuando iban juntos de compras o al parque, etc.
  • Se tornan peleones, llorones, inseguros, quieren llamar la atención aunque sea con mala conducta.

Por otra parte, la Dra. de Alba, respecto al efecto que tiene en los adolescentes el convivir con un familiar que sufre Alzheimer, mencionó actitudes, tanto en el hogar como en casa, con las que demuestran cómo les hace mella la situación:
  • Rebeldía y rabia: tiran las puertas, andan malhumorados y groseros.
  • Bajo rendimiento escolar (no se concentran),
  • Sienten un vacío y pueden pensar que son menos queridos porque ya el abuelo no es el amigo/a y compañero/a, siempre anda malhumorado/a y ni se ríe con ellos, no tolera que oigan música ni bailen cerca.
  • Tienen episodios de temores (les asusta ver al/la abuelo/a en esas condiciones). Hay momentos en que no saben qué hacer, cómo actuar.
  • Experimentan sentimientos de vergüenza, no quieren que los amigos los visiten ni los invitan a casa para que no presencien la condición de su familiar.
  • Se impacientan.
  • Experimentan ansiedad: De ver cómo el/la abuelo/a está gritando (cuando tiene alucinaciones visuales o auditivas).
  • Negación.
  • Experimentan una mezcla de dolor con impotencia.
  • Frustración, porque sienten que lo atienden bien y le dan su comida bien y cuando llegan sus padres el/la abuelo/a le inventa cosas y acusa como: “me cogió la plata, me pegó, me hizo..., etc.”.

La Dra. de Alba dejó claro que cada miembro de la familia se ve impactado cuando un familiar sufre Alzheimer y por eso es importante que reciban apoyo y tratamiento para ayudarles a sobrellevar la realidad y fortalecerse mutuamente.
La "pelotita" maligna estaba en el seno derecho de Elisia. Luego de que le fue extirpado recibió tratamiento con quimioterapia y radioterapia durante seis meses.
"Cada mes tenía una sesión de quimioterapia bien fuerte y después de eso me dieron descanso por mes y medio o dos meses y me pusieron 25 sesiones de radioterapia".
El tratamiento varía según la edad de la persona, el problema que presenta y lo que haya provocado el cáncer, nos dice la entrevistada.
Desde la operación datan casi dos años y medios. Luego de cumplidas las 25 sesiones de radioterapia Elisia tiene que tomar durante cinco años unas pastillas (Tamoxifeno), que le inhiben la hormona, para que no suban los niveles de estrógenos en su cuerpo y reaparezca el cáncer. Ha pasado exámenes periódicos: primero cada 15 días, luego cada mes, después cada dos meses. Ha de continuar ese monitoreo hasta cumplir 10 años. Entonces la darán de alta. Le faltan casi ocho. Está optimista.
La suya fue una odisea. Pero, no se trata de una novela. Es la vida real. Tan real como la muerte que toca a las puertas de miles de mujeres de todos los estratos sociales, culturas, ideologías políticas y religiosas, blancas, negras y amarillas, casadas y solteras, con hijos y sin hijos, letradas y analfabetas.
Ella se tocaba una y otra vez la pelotita, se preocupó y se decía a sí misma: "algo tiene que haber que no es normal".
Sin duda era así. De hecho, la madre de Elisia fue paciente de cáncer en un seno y la había dado de alta. La abuela de Elisia, quien también tuvo cáncer en un seno, no fue tan afortunada.
Su madre tiene diez años de ser voluntaria en el Hospital Oncológico. "Antes de que le diagnosticaran cáncer ya había decidido que cuando se jubilara sería voluntaria. Es una persona muy positiva, trabaja directamente con los pacientes y conversa con ellos, les da ánimo. Eso ayuda mucho", expresó Elisia, quien sin ser voluntaria a todo el que puede le aconseja irse a hacer los chequeos y cuando ve jóvenes a las que le han diagnosticado cáncer, que se quieren echar a morir les aconseja que no se acobarden. Les habla de su experiencia para que vean que sí se puede vencer al cáncer.
"Ya yo tenía un precedente. Por eso es bueno saber el historial médico de los antepasados de uno. Cuando uno sabe no se distrae", plantea la sobreviviente del cáncer de mama que compartió con "El Panamá América" sus miedos, pensamientos y sensaciones antes del diagnóstico, al momento de que se le dio la noticia, durante el tratamiento y hoy día.
A la pregunta: "¿Previo al diagnóstico, sentiste miedo?" respondió: "No le puedo decir que tuve miedo. Eso [la parte genética, conocer los antecedentes familiares]también lo hace a uno tener conciencia y tenerle menos miedo a la enfermedad. Hay gente que como no tiene contacto con la enfermedad no sabe nada de ésta. Y, al no saber los nervios la traicionan. El miedo...y la enfermedad, toman cuerpo. No hay que dejar que la enfermedad domine".
Y, cuando le dijeron que era cáncer su reacción de mujer inteligente y valerosa no se hizo esperar.
"Yo dije: ¿qué hago llorando? Llorando no remedio nada. ¡Tengo que actuar! De eso depende mi vida", expresó Elisia con gran seguridad en sus palabras. Confió en Dios y enfrentó su circunstancia.
Acerca de lo que sintió durante los tratamientos compartió que: "las sensaciones fueron horribles. También los efectos secundarios, claro, sin contar el efecto principal, que fue mejoría progresiva,: Me quedé sin cabello, sin cejas, sin pestañas...".
"Sentía morirme, pero yo sabía que ese malestar era pasajero, que iba a salir de ese cuadro", puntualizó esta sobreviviente del cáncer de mama y concluyó su testimonio haciendo énfasis en que: "Son muy importantes la fe, la familia y los amigos para hacerle la batalla al cáncer".


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134246
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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