Variedades

Lazos inseparables unen al hombre, la naturaleza y las especies


Quienes vivimos las 24 horas del día sumergidos en esta "selva de cemento" y pocas veces estamos en contacto con la naturaleza y las diferentes especies de seres vivos que en ella habitan, una pequeña escapada a la Isla de Barro Colorado es una experiencia enriquecedora, por no decir renovadora.
Diariamente, las ocasiones en las que nuestros ojos y oídos han podido vivir y sentir la fuerza de la naturaleza y de sus especies animales, es precisamente en esos pequeños ratos en que nos detenemos a observar cómo el viento mueve las hojas de los pocos árboles apostados en las isletas de las calles, o cuando en la lámpara que da frente a nuestras casas, una pareja de colibrí, decidió hacer de ella, el nido perfecto en donde crecerán sus pequeños polluelos.
Hace sólo unos días y gracias a la colaboración de la Lic. Mónica Alvarado, directora de divulgación del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y la guía de la Dra. Nélida E. Gómez, química de productos naturales y enlace de los programas académicos de la misma institución, ese momento de renovación llegó.
Eran aproximadamente las 6:15 de la mañana y ya quienes iríamos a la Isla de Barro Colorado nos encontrábamos en la entrada del STRI. El sol era cubierto por inmensas nubes grises, indicando probabilidades de lluvia.
En cuarenta minutos llegamos a la población de Gamboa, en donde en el muelle de la División de Dragado nos recogería la lancha "Jacana" del STRI, para llevarnos a nuestro destino. Cabe destacar, que este es el nombre de un ave del trópico que tiene su hábitat en zonas pantanosas, ríos y lagos con vegetación a nivel del agua en donde hacen sus nidos.
Exactamente a las 7:15 a.m. salió la embarcación del muelle, teniendo como pasajeros a estudiantes de biología y personal que labora en la Isla de Barro Colorado, y claro está, a personas ansiosas por conocer lo que esta isla ofrece desde que se formó hace 87 años, luego de haberse represado el Río Chagres para la construcción del Canal.
UNA HISTORIA NO VIVIDA, PERO SI IMAGINADA
En nuestro recorrido en lancha, antes, la antigua ruta del Río Chagres y la del Ferrocarril Transístmico, era curioso ver cómo una fila de pelícanos volaban frente a la "Jacana", como indicando el camino. El agua de aspecto turbio daba la impresión de profundidad e invitaba a hacer un retroceso a la historia, esa historia que no vivimos, pero que la imaginación siempre encuentra cómo ilustrar. En ese instante una interrogante era casi obligatoria ¿Cuántas casas habrán quedado en el fondo de este majestuoso lago?.
La "Jacana" aunque a veces daba la sensación de no moverse, a excepto que se observase el movimiento rápido de las aguas a su costado, llegó sin retraso en 35 minutos. A la entrada de las instalaciones que el STRI mantiene en la isla, un letrero da la bienvenida y en él se pueden observar un mapa de ubicación de las instalaciones, teléfonos, Web y correo electrónico del STRI y lo más importante, advierte que esta es una zona protegida por la Convención sobre Protección de la Naturaleza y Preservación de la Vida Silvestre en el Hemisferio Occidental, firmada en 1940.
Antes de iniciar el recorrido por el sendero interpretativo Donato, uno de los dos habilitados para recibir a los visitantes que aquí llegan, la Dra. Nélida E. Gómez dio algunas recomendaciones, entres éstas, el que colocáramos nuestras medias por encima de la basta del pantalón a fin de evitar cualquier picadura de insectos.
A un costado de las instalaciones, una escalera de 196 escalones llamó nuestra atención por su extensión y luego por los hechos curiosos que allí se han suscitado, como por ejemplo, las Olimpiadas de 1989, en la que según la Dra. Gómez, uno de los trabajadores del STRI logró subir en un tiempo récord de 29 segundos.
Al lado de esta escalera, que da a las antiguas instalaciones de madera que hoy son el Centro de Visitantes, empezaban los primeros escalones de nuestro recorrido. Estos son sencillos bloques de 4 pulgadas que se han colocado estratégicamente en los senderos más utilizados, cuidando lo más posible que los visitantes o científicos puedan avanzar con pasos seguros.
Nélida hizo una invitación, que al igual que los científicos emplean sus sentidos para la investigación, nosotros nos dispusiéramos a emplear oídos, vista, olfato y tacto, y que formuláramos preguntas sobre todo lo que observábamos, con la intención de redescubrir todo lo que la Isla de Barro Colorado tenía por enseñarnos.
De subida por el sendero, era notoria la presencia de pequeñas señales hechas con telas o cintas en las hojas y troncos de los árboles, se explicó que ellas están allí colocadas por científicos que quieren ver, por ejemplo, cuántas plantas producen nuevas hojas y en qué tiempo. Aquí, se nos explicó la importancia de no mover ninguna de las señales, porque de hacerlo dañaría la investigación que se realiza.
Unos metros adelante un frondoso árbol dio su último adiós cayendo completamente al piso, y en su caída, arrastró a otros más pequeños. El diagnóstico dado por la Dra. Gómez fue que pudo haber sido atacado por alguna enfermedad. Lo interesante es que la muerte de estos enormes árboles representa la vida y el desarrollo para la gran cantidad de pequeñas plantas que se encuentran en la parte baja del bosque, luchando por la luz del sol.
UN CAMINO DE ARRIERAS, ENCIERRA UNA ENSEÑANZA
A nuestro paso era notoria la presencia de las arrieras, quienes afanosamente trabajaban cargando trozos de hojas que ingresaban al nido. Se dijo, que un estudiante de doctorado en Alemania estudió en la isla su comportamiento y calculó la cantidad de alimento que entraban en el nido, resultando su investigación que este es proporcional a la cantidad de basura que sacan de él. Otro aspecto interesante y que en nuestra cotidianidad de capitalinos no presenciamos, es que cuando una hormiga carga a otra encima de una hojita, no quiere decir que le está dando un paseo, sino que la que va arriba de ella le espanta de moscas que acostumbran poner sus huevos en el tórax de las primeras. Así cada cosa, por pequeña que pareciera encierra una gran enseñanza.
Palmas, higos de diferentes tamaños, barrigones, en fin una variedad de especies florales estaban a cada paso, contribuyendo a cargar el aire con humedad. De igual forma, sapitos Bufo se escondían entre las hojas secas del suelo, dando a conocer su mayor potencial, el poder camuflarse con su entorno.
Un mono aullador salió a nuestro encuentro se acercó unos diez metros y luego se perdió por entre las ramas de los árboles. Luego un colibrí decidió posar un rato mientras era observado. Así, luego de haber caminado 600 metros nos detuvimos un rato para descansar. Con la respiración entrecortada, era propicio el momento para refrescar la sed con un poco de agua. Allí la Dra. Gómez nos confesó la sensación fascinante que le resultaba el sentir brotar por sus poros las gotas de sudor y sinceramente esa sensación tan natural nunca antes la habíamos sentido, tal vez, por no pensar en ella.
UN ARBOL CON TODA LA MAJESTUOSIDAD NATURAL
Después del descanso, nos dispusimos a seguir adelante con la finalidad de observar lo que resulta ser lo más curioso de este bosque secundario estacional, un enorme árbol de Ceiba, que para poder abarcar su tronco es necesario que un total de 30 personas se tomen de sus manos. Allí, lo observamos por varios minutos, al subir la vista hacia sus ramas parecía verse enormes brazos, en los que seguramente especies de pájaros han encontrado su nido ideal y cientos de plantas epífitas su lugar propicio para establecerse. Se nos dijo que este árbol podía tener entre 300 a 500 años. Este sin duda alguna era un suceso muy difícil de olvidar.
Otro árbol caído, esta vez se trataba de un higo hueco en el que los visitantes acostumbraban tomarse fotos. Se determinó que por el alcance de su caída el mismo tenía aproximadamente unos 40 ó 50 metros de largo. Nuestra curiosidad por apreciar un ejemplar del Arbol Panamá, se vio saciada al tener uno presente y al indicarnos que una manera para distinguirlo era el ver sus hojas palmeadas de cinco puntas.
Al retornar a las instalaciones, y después de transcurridas unas cuatro horas, nos esperaba un exquisito almuerzo. Ya sentados en el comedor y meditando sobre la experiencia recién vivida, nos preguntamos: ¿Cuántas personas desde que en 1923 se creó la Isla de Barro Colorado han pisado por ese mismo suelo? y ¿cuántas más lo pisarán para tener ese contacto directo con la ecología?. No lo sabemos. Pero algo que si es claro, es que todo aquel que haya parado en esta isla, sea visitante o científico, tiene en su mente una sola premisa: A ella hay que seguir volviendo, como la abeja vuelve al panal, como en la búsqueda de esa fuente de energía, unos para renovarnos y otros para descubrir algo que está a nuestro alcance, pero que a la vez nos es lejano por no saberlo apreciar.
Así culminó nuestro recorrido que puso en claridad una gran verdad. Entre el ser humano, la naturaleza y las especies animales hay un lazo inseparable, que si se ultraja puede ser perjudicial para todos.


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15116
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América