Me encantan las controversias (ríe). Pero sí, yo había practicado ballet cuando tenía 12 años y dejé justo cuando empecé a trabajar seriamente como actriz. Y para la película ‘Black Swan’, a los 27 años, volví a las clases de danza. Es decir que me tomé un descanso bastante largo de 15 años en el medio, pero es cierto que ya tenía una base, cuando empezamos con la película.
¿Y el esfuerzo después de tanto entrenamiento valió la pena? “Sí y los resultados están a la vista, en la película. Pero trabajé con muchísimos entrenadores. Con Marion Bowers estuve un año entero, después seguí con Georgina Pazcoguin, Mary Helen Bowers y Benjamin. Todos fueron instrumentos esenciales para lograr la perfección. Al lado mío tuve a los mejores profesionales en el mundo del ballet”.
¿Con la danza aprendió algo que no había aprendido antes como actriz? “Es una buena pregunta. Y resultó una enorme lección de actuación”.