Un ladrón de teléfonos móviles que estaba siendo interrogado en una comisaría de Braga (norte de Portugal) fue descubierto cuando sonó el celular que le había sustraído al policía que le estaba interrogando y que había ocultado en su calcetín.
El hombre estaba siendo interrogado por un robo de celulares cuando aprovechó una breve ausencia del agente para hacerse con su teléfono y escondérselo en su calcetín.
De regreso al despacho, el agente se percató de que su celular había desaparecido y marcó su número, pensando que se lo habría dejado en otro sitio. Su sorpresa no tuvo límites al escuhar que el sonido del celular surgía de la pierna del acusado.