Los relatos sobre emigrantes son a veces terribles, casi siempre tristes, pero hay algunos casos, como el de los árabes en Perú, en los que la buena fortuna parece guiar los pasos de aquellos hombres que cruzaron continentes en busca de una vida mejor.
‘Las fronteras disueltas’, el último libro de la peruana Leyla Bartet, recoge mediante varias historias de vida el devenir de estos árabes que en dos o tres generaciones dieron el salto a la élite local despuntando en diversos campos.
“A veces llegábamos con el cuento de que en América había un lago cuyo fondo estaba empedrado de oro y donde vivían unas maravillosas princesas”, fantaseaba Said Sahurriyeh, el primer árabe de quien hay constancia en el Perú, allá por 1884.