Variedades

Libraron batallas en el corazón

No terminó como los cuentos de hadas, pero el cielo abrió sus puertas a los enamorados.


REDACCION / PANAMA AMERICA

Otros detalles

  • Papeles estelares: Dorothy Stone y Luciana Distante (Aida), Sarinelli Vicenzo Maria y Fabio Andreotti (Radamés), Irena Sylya y Glenga Juárez (Amneris), Marcello Lippi y Moisés Guevara (Amonasro), Alexis Trejos y Salvador Ríos (rey de Egipto), Reda El Waki (Ramfis), Susan Samudio (sacerdotiza), Graciela Saavedra (sacerdotiza), Alfonso Baysa (mensajero).
  • Dirección general: Irena Sylya, soprano (presidenta de Fundación Ópera Panamá).
  • Director artístico/musical, Elio Orciuolo; diseño de escenografía, Michele Lissi; construcción de escenografía Damiano Pastoresssa; diseño de vestuario, Ángela Gassi.
  • Director escénico, Carlo Antonio De Lucia; entrenador musical, Martín Yadzdik; Ballet Panamá, Cristina Maduro y Jossie Jiménez.

Quizás, si le hubiesen dicho a cualquiera de los tres que el destino les jugaría una mala pasada, hubiesen creído que les estaban tomando el pelo. Pero, el tiempo daría la razón al amor.

Habría que deponer actitudes.

Habría que tomar medidas correctivas dirían los sacerdotes, quienes, de hecho, prefirieron ser implacables en su sentencia.

Ante la negativa rotunda de Aida y Radamés a dejar que su amor muriera en la cuna, los representantes de Iris y Osiris en la tierra tendrían que impedir que huyeran.

 

No hubo piedad. Aida, se sentía desfallecer: invadida su patria, avasallado el ejército, ella cautiva y enamorada con toda su alma del enemigo de su padre, repudiada por ello por su progenitor (Amonasro) y por la princesa Amneris, en cuyo camino se interpuso y cambió su sino.

Nunca más podría mirar a la cara a su padre.

Escenas que conmoverían a las piedras, pero no al doblemente derrotado rey etíope, se vivieron cuando, de hinojos una suplicante Aida pedía clemencia.

¡No! fue la respuesta del no menos atribulado padre.

También en la última cita de la pareja de enamorados no fue sino hasta que él fue sepultado vivo que supieron que el adiós no cabía en sus vidas. Ese amor que nació sin permiso y por el cual eran maldecidos por los suyos y llamados traidores una y mil veces, inmisericordemente y juzgados en tierra por los intermediarios de los dioses, ese amor que hizo de su vida un calvario los uniría en la muerte. Y más allá.

Cuando Aida se apareció al compungido Radamés entonces, solo entonces supieron que amarse y morir por ese amor estaba escrito en su libro de la vida antes de que nacieran.

Paz, algo que nunca tuvieron ni sus pueblos ni ellos desde que la vida de los tres formó parte del mismo tejido histórico era lo que pedía Amneris, mientras ellos cerraban los ojos a la vida terrenal y los abrían a la astral.

Quizás entonces también esas miles de almas reunidas en el Teatro Anayansi elevaron al unísono una oración por la paz.


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906409
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América