Los escritores y demás creadores deberían trabajar del mismo modo "que lo hace un revolvedor de cemento, un camarero o una vendedora de flores", declaró el mexicano Antonio Ortuño, quien se vale del cine en su última novela para recrear las traiciones cotidianas que existen en el medio artístico.
"Generalmente se considera a los creadores como seres apolíneos, con grandes problemas conceptuales, dudas existenciales (...) cuando lo cotidiano y normal son cuchilladas por la espalda, codazos, forcejeo, componendas que ahí están. Me parece que hay que hablar de eso de repente", explica Ortuño.
Periodista y escritor, el autor de "nima" (Mondadori, 2011) dice desconfiar "mucho de la gente que no trabaja", y de nuevo en una obra suya ubica a los protagonistas en el tajo puro y duro. Un grupo de jóvenes mexicanos dedicado al muy minoritario cine de animación sufre lo indecible para cumplir los compromisos contraídos con las productoras y sobrevivir en este mundo.
El equipo lo dirige "El Animal", "alguien que hace las cosas porque le gusta hacerlas pese a que sabe que no tiene las herramientas y a lo mejor ni siquiera las condiciones para hacerlo", una especie de Quijote sin un pelo de santo, hombre que define como comprometido con su labor.