El poder terapéutico del limón es muy amplio y ha sido reconocido desde hace mucho tiempo. Ya en el siglo XVII, el limón era considerado digestivo y purificador de la sangre.
En el siglo XVIII, antes de que se descubriese el poder de la vitamina C, la flota inglesa en sus travesías viajaba con un cargamento de limones, para evitar que los marineros contrajesen la enfermedad del escorbuto, que se produce por carencia total de vitamina C.
Las personas que padecen de hígado, reuma, tienen la tensión alta o sufren de catarros pueden mejorar y aliviar sus dolencias.
El limón ejerce una acción beneficiosa sobre el sistema cardiovascular, en casos de arteriosclerosis e hipertensión arterial, debido a que los ácidos cítricos ayudan a oxidar y eliminar las grasas que obstaculizan el trabajo del corazón y son un gran disolvente de las sustancias tóxicas del plasma sanguíneo.