Variedades

Línea gris entre el desafío y la adicción

Los videojuegos pueden causar adicción entre los niños, pérdida de interés en otras actividades más formativas, acaparando aun más la atención y modificando su conducta en forma desfavorable.


Miguelito.. ven a estudiar.
-¡Ya voy mamá!
-A los tres minutos.
Miguelito..ven a estudiar
-¡Ya voy mamá!
Sigue pasando el tiempo.
-Miguelito..ven a estudiar
-¡Ya voy mamá!
-¿Qué estás haciendo, Miguelito? ¿No me digas que estás jugando?
-¡Sí... mamá, no puedo ir a estudiar porque tengo que pasar este nivel de Mario Bros!
El pequeño se encontraba fascinado con el famoso juego. Por más que su mamá intentara de una u otra forma que suspendiera la acción, en la mente del pequeño estaba fija una meta: "Tengo que llegar al final".
Con esta forma de entretenimiento, los pequeños se empeñan en ganar batallas o atravesar otras dimensiones. Se concentran en un mundo que activan mediante un control remoto.
El número de niños y jóvenes encantados con estos dispositivos electrónicos aumenta. La psicóloga Mirna Cohen de Gálvez, del Centro Especializado San Fernando, nos habla sobre esta situación.
Desde los años 70, cuando estos juegos tomaron su posición en el mercado, los fabricantes han librado batallas tecnológicas por mejorarlos.
"Sucede que estos tipos de juegos van creando en el niño una adicción placentera que los invita al reto. El pequeño se sumerge con fascinación en detrimento de otras actividades que debe realizar; se olvida del mundo y su alrededor", afirma la psicóloga.
Hace la advertencia de que si no se brinda la suficiente atención, llegará el momento en que el niño no desarrollará al máximo su autoestima, no reconocerá adecuadamente sus valores, se olvidará de sus obligaciones, su capacidad de aprendizaje y rendimiento académico disminuirán. Si el juego es violento, lo más probable es que manifieste conductas similares.
Cohen asegura que algunos estudios han demostrado que el niño que pasa mucho tiempo con videojuegos violentos, puede llegar a golpear a su compañero, hermanos y hasta a sus padres.
Indica que lo que más preocupa es que la mayoría de videojuegos preferidos por los niños se relaciona con violencia y los menos aceptados son los que contienen aspectos educativos. Por ello, una buena elección es responsabilidad de los padres.
Juan Manuel Pérez es un niño de 10 años fanático a estos juegos. Él nos comenta que si no fuera por sus estudios, de seguro invertiría todo su tiempo en jugar. En Navidad sus padres le obsequiaron uno de estos aparatos portátiles y tiene uno más que se conecta al televisor de su cuarto. Para Juancito lo más emocionante del juego es ganar puntos y seguir avanzando hasta llegar a la final. También nos afirmó que en el colegio no se lo prohíben, pero su papá se lo impide.


Juan Pérez es su papá y se encuentra muy preocupado ante la situación. El señor Pérez asegura que este tipo de juego han creado en su hijo adicción y dependencia. Para controlar la ansiedad de su pequeño, ha optado por alquilar los video juegos en vez de comprarlos y antes de esto, se cerciora para no adquirir aquellos con temas de violencia.
Muchos padres de familia, en época navideña, obsequian estos juegos. Para la Dra. Cohen de Gálvez, no se trata de prohibir, sino de orientar. Los padres deben regular el tiempo y establecer un horario. El juego de video puede ser un incentivo para que estudie sus lecciones y se esfuerce por obtener las mejores calificaciones.
También los educadores deben orientar a los pequeños sobre los videojuegos; no se trata de prohibir sino supervisar, añadió la especialista.
  • Antes de llevar un video juego a casa, debe seleccionar el más adecuado, tomando en cuenta la edad de su hijo.

  • Luego de seleccionado, se debe supervisar. Conocer el contenido, percatarse de los mensajes y orientar al menor.

  • Trate que el menor pase su tiempo libre en actividades constructivas que promuevan la cultura, socialización, educación y diversión, o que practique algún deporte.


fecha edicion
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230913
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América