Llegó el momento de la moda masculina en las pasarelas parisienses, donde hasta hoy, Dior, Gaultier, Antonio Miró, Paul Smith y Armand Basi, junto con otra treintena de modistos, presentarán sus tendencias para la primavera-verano 2004.
El director artístico de la firma española Armand Basi, Luis Juste de Nin, aprovechó la ocasión para completar sobre las pasarelas de París su “profesión de amor a Barcelona”, iniciada hace seis meses, en su última colección, dedicada a las vanguardias de la generación de sus abuelos de la Exposición Universal de 1888.
Siempre con la intención de ofrecer a sus potenciales clientes la posibilidad de encontrar un universo propio y personal, según explicó a EFE minutos antes del desfile, celebrado en la Unión Central de las Artes Decorativas, junto al Museo del Louvre.
De hecho, “ésta es quizá una de las funciones de la moda, subrayar la personalidad de cada uno”, dijo Juste de Nin, consciente de crear sus modelos para “los espacios de libertad, que son, principalmente, la noche y los fines de semana, cuando te vistes como realmente eres”.
Consecuencia de esta búsqueda, el universo del modisto queda muy lejos del mundo de los “yuppies” y es algo infinitamente más informal y cómodo que, por ejemplo, se combina con botas de boxeo, a menudo artísticamente manchadas de pintura.
Blanco, amarillo, gris y negro, serán los grandes colores de su verano 2004, en pantalones holgados de texturas naturales, adornados con rayas verticales o lisos, a veces cortos, hasta la media pierna y cerrados con un cinturón-cinta del mismo tejido, para hacerlo adaptable a los torsos más diferentes.
“Pantalones-armario”, con bolsillos por todas partes, parcas de algodón, texturas ‘resinadas’, camisetas a lo Tapies, con una rústica X bordada sobre un hombro, resaltada por un ribete geométrico, camisas que se llevan por fuera... pero sólo a medias, sobre camiseta de manga corta, fueron algunas de sus propuestas.
La inspiración, fruto esta vez de un homenaje-’flashback’ a la generación de sus padres, llenará el verano de Armand Basi de formas y colores procedentes de las vanguardias de los años 30, aquellas que intercalaron sueños e ideales entre dos gigantescas fases de intolerancia.