Es un buen miércoles del '91. Sentado ando en una banca del colegio, donde la parte académica no capta mi atención. Tengo un crucifijo que me guinda del cuello. Es un regalo que me hizo mi madre y, como mis manos tienen que estar haciendo algo y no puedo moverme de esta banca, tengo la costumbre de jugar metiendo este crucifijo verticalmente entre mis dientes incisivos central y lateral. Por algún motivo, mantenerlo en constante meneo me ayuda a absorber las emociones del momento, a sentir a los estudiantes y profesores a mi alrededor. Me encanta escuchar sus tonos de voz, movimientos y comunicación corporal para entender qué les afecta y qué necesitan para sentirse bien. “Bien pritty”.
¿Cuál es la regla que aplica en este caso?, me pregunta. Yo respondo levantando ambos hombros y los bajo. La profesora pela los ojos y me pregunta alzando sus hombros y su voz: ¿Sabes lo que significa esto?. Yo le respondo levantando de vuelta mis hombros y la siento que se raya bien-bien brava diciendo: 4 sábados a las 9:00 de la mañana aquí en la escuela. Áyala, ¿esto qué fue?, me quedo pensando. Mi razonamiento me dice: Si ella necesita esto, dale pues.
Pasa el primer sábado, donde asisto tal como exige la prof. Mi madre ya lleva 2 semanas preguntándome: ¿Qué hiciste para ganarte esto?. Mi respuesta: No tengo idea. Al pasar el segundo sábado y viendo que aún no le explico, mi madre decide ir a consultarle directo a la “prof” qué fue lo que hice y ella le comenta: Robert me alzó los hombros. Esto significa: 'No me importa'. Y cuando le pregunté si él sabe qué significa subir los hombros, me los volvió a alzar afirmando que no le importa.
Al fin estamos por comprendernos. Para mí, subir los hombros significa: No me sé la respuesta... Y para ella es: No me importa. ¡Estamos hablando 2 idiomas distintos!
¿Adivinas cómo estoy ahorita?
Me siento confiado, siento que tengo una amiga, siento que importo, me siento comprendido, siento que en la vida me puedo equivocar y arreglar, siento que todo tiene sentido.
Gracias a la profesora Zuleika Cañizales, aprendo que aceptar mis errores y rectificar es lo que necesito para unificar personas y caminar hacia el frente. Gracias, “prof” :)