La esperanza es lo último que se pierde. Bajo esta premisa viven muchos hombres y mujeres, tal vez aferrados a un sueño que posiblemente resulte inalcanzable, pero las ansias de llegar a una meta y encontrar ese algo, es lo que mantiene a muchos de pie y con ganas de vivir.
De eso trata básicamente la obra del español Alejandro Casona que presenta Producciones Entre Amigos, hasta este 30 de julio en el Teatro en Círculo, con la primera actriz Eneida Valdés en el papel de la abuela.
La acompañan también Ana María Sánchez, Lourdes Gómez, Eloy Herrera, Heydi Soto, Neysa Ferguson, Jaime Rodríguez, Ramón Serrano, Elizabeth Vargas, Masha Armuelles y Javier Ballesteros; bajo la dirección de Daniel Gómez Nates.
Esta es la tercera vez que en Panamá se presenta este drama, el cual fue una de las piezas que interpretó en dos ocasiones nuestra eximia actriz Anita Villalaz y en su primera puesta en escena tuvo la oportunidad de participar su alumna Eneida Valdés en el papel de la dama joven, junto a su fallecido esposo el también primer actor, Harry Iglesias.
Han pasado años y Eneida todavía mantiene un hermoso recuerdo de esta obra, lo que la motivó a regresar a los escenarios, luego de tres años de haber anunciado su retirada.
"Los Arboles Mueren de Pie" cuenta la historia de esa abuela que durante 20 años espera el retorno de ese nieto que ha tomado malos rumbos. Está convencida de que es un hombre cambiado y de bien, imagen que el abuelo inventó para que tenga un motivo para vivir.
Pero la mentira llegaría a su fin cuando el nieto anuncia su regreso, pero por el destino el barco en que regresaría se hunde, lo que hace que el abuelo recurra a otra invención contratando actores para que se hagan pasar por el nieto y su esposa, pero repentinamente aparece el verdadero nieto, quien llega a pedir dinero, la abuela se da cuenta del embuste y decide callarse, pero enfrentando a su nieto y no cediendo a las pretensiones de éste, prefiriendo vivir con una esperanza piadosa que con una verdad dolorosa.
Es una hermosa pieza teatral, en donde se resalta la ilusión y la fantasía con el único interés de ofrecer caminos de paz y esperanza. Entre estos senderos, también aflora el sentimiento y sobre todo, el amor por el prójimo.
Es una realidad que se nos presenta en el escenario y que es bien llevada por el elenco que seleccionó Gómez Nates para plantear su propuesta, la cual ha modernizado y adaptado a épocas actuales sin desvirtuar el contexto original de este drama.
Evidentemente pudimos palpar, como nos comentara hace unos días Eneida Valdés, que su rol requiere mucha intensidad, ya que está cargado de matices que van desde la dulzura, la ingenuidad hasta la dureza de carácter.
Como toda experta en la materia y una veterana en los escenarios, Eneida nos lleva precisamente a experimentar ese cúmulo de emociones fuertes de su personaje, el cual ejecuta con mucho atino e impecable desenvoltura de principio a fin de la historia.
Desde que aparece en el escenario, Valdés nos magnetiza y va transportando poco a poco a su maravilloso mundo de encanto hasta hacernos conmover con el dolor y la tristeza, en el cual finalmente desemboca el personaje.
Definitivamente, que una dama de la actuación como ella, no hay nada que pedirle, su única presencia deslumbra desde el primer momento a los espectadores.
Es también de aplaudir el trabajo interpretativo realizado por Ramón Serrano, quien caracteriza al supuesto nieto de la abuela. Con el correr del tiempo y su constante participación en los últimos años, en las tablas, lo ha llevado a afinar sus niveles actorales, alcanzando en esta ocasión un desenvolvimiento de primera, aunque en algunas escenas tiene que cuidar su desdoblamiento, ya que tiende a perder el control de su encantadora voz llegando a los gritos.
Javier Ballesteros es otro de los actores de esta producción que logra un desempeño increíble en su rol del nieto verdadero. Su interpretación es excelente que se llega aborrecer al personaje, lo cual indica que está en su "punto". Asimismo, nos sorprendió Masha Armuelles, que teniendo un papelito, en cada entrada al escenario deja impreso su sello de buena actriz. Montajes como éstos (serios y de altura) son los que Masha debe tener muy en cuenta cada vez que decida subirse al escenario, además es una persona con enormes potenciales, propios de una buena formación académica en el exterior.
Jaime Rodríguez, Neysa Ferguson y Elizabeth Vargas es un trío que se debe incluir en esta fila de "buena actuación". Sus nombres ya son reconocidísimos en el ambiente teatral, que definitivamente está de menos que no realicen una interpretación de calidad, más cuando se está al frente de una pieza tan buena como la de Casona.
Lo que si nos pareció un tanto engorroso fue el primer acto de este montaje, que a nuestro parecer el director pudo obviar algunas escenas intrascendentes y darle mayor movilidad al asunto. Aunque se admita que es el prólogo de la historia a contar y era inevitable, parecía un verdadero manicomio con la gran mayoría de los actores secundarios gritando despavoridos y sin cuidar en lo más mínimo las modulaciones.
Si la intención del director Gómez Nates era llevarnos a una casa de locos, evidentemente que lo logró; lo que repercutió en el trabajo de Lourdes Gómez, Eloy Herrera, Heidy Soto, que sinceramente no aportaron nada espectacular a esta primera entrada a excepción de Ana María Sánchez, que logra un mejor desempeño y más aplomo, pero sin alejarse mucho de este clan.
Por otro lado, tengo que admitir que la escenografía del segundo acto está soberbia, en este sentido, hay que reconocer que su responsable (Javier Ballesteros) efectúo un diseño espectacular, en cuanto al vestuario pudo mejorarse algunos aspectos, pero en general está prudente (todo es cuestión de presupuesto), en lo que se refiere a luces y sonidos cuando está "El Yeti" (Javier Sarsanedas) al enfrente sabemos que la cosa está funcionando como producto de años de experiencia y profesionalismo.
Indiscutiblemente que Producciones Entre Amigos se anota un nuevo éxito en su actividad teatral con esta obra y que muchos no deben perderse, porque representa una buena oportunidad para ver en escena a una actriz "de verdad" como lo es Eneida Valdés, quien tiene más de 50 años de fructífera y brillante carrera artística.