La bañera era un objeto más o menos decorativo que se usaba para guardar trastos y que recobraba su función original un día al año, el de San Silvestre. Los miembros de la burguesía de fines del siglo XIX sólo se bañaban cuando estaban enfermos o iban a contraer matrimonio. Esta mentalidad, que hoy resulta impensable, era habitual hasta hace poco. Es más, si viviéramos en el siglo XVIII, nos bañaríamos una sola vez en la vida.
Si los ciudadanos se sienten afectados por los ruidos de estas iglesias evangélicas, pueden llamar a la corregiduría más cercana para que se tomen las medidas correspondientes, según se informó.