El Museo del Prado restaura en estos momentos tres obras claves de Goya: dos de ellas fechadas en 1814 , "Los fusilamientos de la Moncloa" y "La carga de los mamelucos" y una fechada en 1800, "La familia de Carlos lV". Los expertos convocados por el museo más importante de España, en la actualidad dividen sus percepciones y apreciaciones en torno a la restauración de los mismos y de forma insistentes aluden a una frase del artista, una de sus tantas célebres, "el tiempo sigue pintando", misma que en su momento se refería únicamente a sus cuadros y al transcurrir de los años sobre los mismos para entenderlos mejor y para valorizarlos en su dimensión más justa. En nuestro medio, casi de forma paralela, la exhibición especial de "Los Caprichoa", en el contexto cultural y artístico de este reunión de mandatarios y de jefes de estado de Iberoamérica, compromete a contextualizar la idea dado que es obligante evaluar la temática, de un lado, y el tratamiento técnico de este conjunto a la luz de la misma para reforzar la percepción que tendríamos de los mismos.
De alguna manera, por ejemplo, el carácter satírico en torno a la época y a las costumbres y comportamientos prevalecientes en la España diosiochesca - a la que Goya y Lucientes se refiere como conjunto de prejuicios, imposturas, hipocrecías - ahora dos siglos y tantos después, es mucho más evidente e impactante y contrapuesto a nuestro final de siglo. Entender estos "Caprichos" fuera de esa premisa es perderlos y solamente admirar a un nombre porque hay que admirarlo aunque no sepamos el porqué de ello.
La muestra, anteriormente expuesta en el Centro Cultural de España, en Santo Domingo (República Dominicana) encuentra en nuestro país su tercera sede y de acuerdo a Javier Callizo Soneiro, del Consejo de Cultura y Turismo del Gobierno de Aragón, "puede resultar dura e implacable, incluso vista ahora, pero hemos de ponderarla como positiva, como la propuesta de un hombre que bebía de las ideas ilustradas más progresistas del siglo XV111, muchas de las cuales aún tienen ecos en el mundo de hoy" mientras que por su parte el comisario de esta muestra itinerante, Angel Azpeitia Burgos acota que el genial aragonés, "recurre con regocijo en los títulos de las estampas y en las cartas a la concisión e ingenio sardónico del dircurso popular, con toda la riqueza evocativa e impacto directo.
En uno y en otro contexto de estos expertos españoles, lo que calificaríamos como emblemático en estos "caprichos" es esa posibilidad de recrearnos un tiempo que suponemos pasado y que extrañamente se pinta en un tiempo presente, el nuestro de ahora, y que continuará pintándose en un tiempo futuro en cuantos sitios tenga ocasión de cobijar estos "caprichos".. De allí lo necesario de observar al testimono de Francisco de Goya y Lucientes dentro de la denotación "el tiempo sigue pintando" ampliada quizá al tiempo seguirá pintando.
Para finales de enero de 2001 el Museo del Prado convoca a una especia de simposio sobre la conveniencia o no de limpiar la obra del artista y los criterios para reintegrar la pintura que se ha perdido. Estarán presentes restauradores, autoridades, historiadores y especialistas y entre otros nombres se mencionan los de Manuela Mena, Andrea Rothe, Hary Tinterow, José Manuel Pita Andrade y María Luisa Gómez González. Posiblemente entonces develaremos la frase de Francisco de Goya y Lucientes en una dimensión más precisa y exacta. En estos momentos, en Panamá, tenemos ocasión de orientarnos con la misma para enfrentarnos, en el Museo del Canal Interoceánico, a una experiencia que previamente algunos confrontamos en el Museo del Prado y que se abre nuevamente ahora a un encuentro mayor y evidntemente mucho más enriquecedor.