En su libro “El acoso moral” la psicoanalista francesa Marie France Hirigoyen, escribe que en el ambiente laboral se generan “relaciones donde se produce el encuentro entre el ansia de poder y la perversidad”.
Esta cita ilustra el submundo de las oficinas, en donde la realidad muchas veces supera a la ficción y hay quienes piensan que sus jefes son como emisarios de Satanás, encargados de hacer sus vidas miserables.
En un artículo de internet encontramos una definión del jefe y sus funciones muy completa. “Un jefe sirve para mandonear, dirigir, ordenar, gritonear, enseñar y vigilar con un largavistas hasta el efímero instante en el que una de sus empleadas se toca la punta de la nariz”.
Según esta misma nota, podemos encontrar distintos tipos de jefes, a saber: el que es el primero en llegar y el último en irse, el soldado de la compañía, el cascarrabias que nunca escucha a nadie, el lujurioso-acosador, el hiperactivo que quiere todo ya, el sabelotodo, el pesimista, el quejumbroso, el que coopera con sus subordinados y esas creaciones de la “modernización” que se la pasan implementando novedosas fórmulas para inyectar energía a la empresa.
En sus conversaciones, los subordinados se refieren a ellos y ellas con nombres cariñosos: la bruja, la maldita, el infeliz, desgraciado...., etc., etc., etc. Imitan a manera de burla sus gestos y esperan secretamente, y orando a su santo favorito, que el virus estomacal de moda los azote con una violencia nunca antes vista.
No se asombren jefecitos, eso, realmente es lo que piensan de ustedes, de los malos por supuesto.
Opiniones favorables, obtuvimos algunas. Créanlo o no, los jefes buenos existen. Son considerados, amables, respetuosos, emocionalmente equilibrados y tienen días malos muy escasos.
Los jefes también tienen sus quejas y se defienden diciendo que ellos muchas veces son malos, porque “la gente abusa”. Si son blandos, la gente hace “lo que le da la gana”.
En un día típico ocurre que cuando llega el personal, si es que llega a tiempo, se va a la cafetería a desayunar, desayuno que dura mínimo media hora.
Durante el día, hacen unas 20 llamadas telefónicas, que paga la empresa, 5 a su casa para saber de sus niños (esas no les molestan tanto) y las otras a los novios y/o amigas chismosas. Y ni hablar de los frecuentes “breaks” que se toman durante la jornada laboral. “Si uno no está pendiente, se pasan”, dijeron.
Evita las confiancitas. Si a tu jefe, Jorge Ramos, sus amigos le dicen “Jorgito”, no se te ocurra ni por equivocación decirle así en tus conversaciones privadas. ¿Te imaginas si te pilla llamándole así?
Tener una relación de amistad con tu jefe puede ser un arma de doble filo. Te puede facilitar la vida o hacer de ella un infierno si las confidencias que te hizo trascienden o si quiere eliminar los cabos sueltos de su indiscreción.
Tratar con personas requiere de delicadas técnicas que se depuran con el tiempo o la práctica.
Un jefe exitoso y “querido” debe motivar a su gente. Saber lo que ellos piensan y desean y usar esa información para inducirlos a producir. El empleado con el que “sueñan” es quien adivina su pensamiento, tiene iniciativa y no mezcla su vida personal con el trabajo.
Las 10 mejores frases para ser dichas si te pillan durmiendo en el trabajo o en una reunión. Riámonos un poco de lo que puede ser fatal:
“Me dijeron en el banco de sangre que esto podía suceder...”.
“Es sólo una siesta de 15 minutos para recuperar las energías, como me enseñaron en el curso de administración del tiempo que la empresa me envió a hacer.”
“Estaba imaginando como es la vida de un ciego...”
“No estaba durmiendo! Estaba meditando profundamente sobre la misión de la empresa e intentando descubrir la solución de sus problemas...”
“Quería verificar si mi teclado es a prueba de baba...”
Estaba haciendo un ejercicio altamente específico de Yoga para aliviar el estrés del trabajo. ¿Ustedes discriminan a las personas que practican Yoga?”
“¿Por que me interrumpió? Estaba llegando a la solución para nuestro mayor problema...”
“La maquina del café esta mala...”
“Alguien debe haber puesto café descafeinado en el frasco equivocado...”
Pero sin lugar a dudas la mejor escapatoria es: “... en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén...”