Comer grasas y azúcares refinadas.
Tener una vida sedentaria (no hacer ejercicios).
No asumir su responsabilidad con su enfermedad (en caso de que sea insulino dependiente olvidarse de inyectarse o inyectarse menos)
Manejar las emociones y los sentimientos de manera inadecuada (ser explosivos, tener malas relaciones, no dialogar).
Incumplir su dieta.
lvidarse de la vida espiritual.
Automedicarse
"No aceptar su diabetes es la complicación más seria, porque va a llevar a la persona a no cumplir con el tratamiento para decirse a sí mismo y a los demás que no tiene diabetes", manifestó Desireé de Sánchez. Dijo que en los jóvenes la mayor inquietud es el temor de que no haya otros jóvenes con el mismo diagnóstico. Por otra parte, explicó que el rechazo de la enfermedad por parte de los padres limita la aceptación de niños y jóvenes de la diabetes.
Cierto, analizó, que "es difícil llevarle un control, que se haga un cumplimiento al pie de la letra en el plan alimentario, pero tan pronto persuades al niño logras hacerlo que tenga un buen control". Sin embargo, según dijo, hay padres o madres permisivos/as, que creen que le demuestran más su amor y empatía a sus hijos/as si le hacen concesiones y se van mal formando y cuando llegan a cierta edad es más problemático que acepten la diabetes.
Saldaña y Pérez coincidieron en que es bueno que se sepa que mientras más joven se le diagnostica la diabetes a una persona y esta no se cuida, más oportunidades hay de que tenga complicaciones si no adquiere disciplina desde el principio y cuando viejo va a ser más difícil controlar la enfermedad.
111Estamos en la Semana contra la Diabetes. La Diabetes Mellitus, que la hay de dos clases (insulino dependiente conocida también como diabetes juvenil o tipo I y diabetes tipo II o no insulino dependiente), se estima que la padece un 8% de la población: exige disciplina, es una enfermedad crónica, es decir, no se cura, pero se controla.
Los síntomas principales que permiten diagnosticarla son: cansancio, decaimiento, pérdida de peso sin causa aparente, aumento en la cantidad y frecuencia de orina, aumento en la sed, aumento del apetito, visión borrosa, deshidratación y comezón en todo el cuerpo.
Desirée de Pérez informó que "en el "90 la Asociación Panameña de Diabetes hicimos un estudio en Calidonia y el 11% tenía diabetes (en ese entonces 140 miligramos por decilitro de azúcar en ayuno era diagnosticado como diabetes) hoy sería como el doble (porque ahora se considera que 126 de glicemia 2 veces distintas en ayuno es diabetes)".
En términos generales, enfatizó, por su parte, la enfermera Saldaña, tal como dice el lema de la Asociación Panameña de Diabetes, "la persona con diabetes que más sabe es la que más vive", por lo cual llevar un buen control de sus niveles de azúcar, tener un buen estilo de vida e informarse acerca de su enfermedad, les ayudará a mejorar su calidad de vida".
En el Centro de Atención Integral de la Diabetes además de atención se brinda educación a los/las pacientes de todas las edades, a cargo de un equipo interdisciplinario que incluye médico, internista, psicólogo, enfermera, oftalmología, vascular perisférico y el cardiovascular.
Finalmente, Desireé de Pérez expresó su preocupación, porque siendo la diabetes una enfermedad crónica que con buen control puede garantizar una calidad de vida buena a quien la padece, hay fallas en cuanto a cuidarla, muchas veces por falta de educación sobre la enfermedad y las complicaciones. Y esta falta de educación tiene un alto costo para el sistema de salud y para la sociedad.
"Tenemos personas que se incapacitan en plena edad productiva (el ausentismo laboral y escolar producto del mal control de la diabetes son altos) y también se mueren en plena edad productiva. El elevado costo de las largas hospitalizaciones (de hasta más de tres meses). Los gastos en el costo de urgencia de los cuidados intensivos, cuando todos estas cosas se pueden prevenir educando al paciente", concluyó.