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Los oídos: "límpiese con los codos"


Si usted quiere tener audición para rato, los oídos "límpieselos con los codos" y evite exponerse a sonidos fuertes. Las anteriores son recomendaciones de un experto, el Dr. Guillermo Rodríguez, médico audiólogo-foniatra, el cual explicó junto con el Dr. Alfonso Montufar cosas interesantes sobre el tímpano y la audición.
Valga decir que la frase "límpieselos con los codos", algo que quien intente hacerlo verá que es imposible, fue la jocosa respuesta, casi al final de la entrevista, a la pregunta: ¿Para evitar causar daños al tímpano, con qué recomendaría usted que se limpiaran los oídos?
De hecho, enfatizó el especialista, no se debe uno meter nada en el oído interno (el que no se ve), ni siquiera los hisopos (palillos para los oídos) suelen ser apropiados para "limpiarse" los oídos, porque lo que pasa es que más bien con ellos la persona empuja la cera hacia el fondo del conducto auditivo y ésta se convierte en un tapón que dificulta escuchar bien. Pero, hablemos del tímpano, el cual explicó el entrevistado, "es una membrana redonda, alargada, que se encuentra en el fondo del conducto auditivo externo (la parte de la oreja que uno se hurga con el dedo)".
"Como el tímpano es una membrana vibratoria, cuando las ondas de sonido llegan hasta el conducto auditivo externo y al tímpano, éste empieza a vibrar. Las vibraciones pasan por tres pequeños huesos -el martillo, el yunque y el estribo. Estos tres huesos transfieren estas vibraciones a la parte más profunda del oído: el oído interno". Sépase, además, que el tímpano es muy sensible, al punto de que un sonido fuerte puede hacerla doler.
Pero, ¿cómo sabemos cuándo un sonido es fuerte? "Ejemplo de sonido fuertes para los efectos del cuerpo humano normal es el que supera los 90 decibeles de intensidad", responde el doctor Rodríguez. "Algunos ejemplos de sonidos fuertes son: el de un avión en el aeropuerto, el del claxón de un autobús (más si la calle está cerrada), la vibración de un cortagrama, el sonido de un martillo neumático y el de muchos compresores de fábricas, etc.".
Ahora bien, es bueno saber que, tal como lo dijo nuestro interlocutor, "el umbral para los daños auditivos es variable, es decir, que así como hay personas que se exponen a un ruido fuerte y no les pasa nada hay otros a los que enseguida les daña. Eso es un azar
Sobre el mismo tema otro especialista en el área, el Dr. Alfonso Montufar, acotó que de la misma forma que existen ruidos intensos (como explosiones, ondas expansivas) que de una sola vez producen trauma acústico severo (como una ruptura del tímpano) u o otros daños significativos, hay otros ruidos que paulatinamente merman la audición. He allí la importancia de evitar escuchar música a volumen muy alto y la necesidad de protegerse los oídos si por el tipo de trabajo la persona está expuesta a volúmenes altos de ruido.
El también incluyó entre los ruidos intensos el causado por los besos muy sonados. "Esto es una explosión implosión (hacia adentro)", amplió. El doctor Rodríguez, quien retomó la palabra, siguió explicando que cuando ocurre una ruptura del tímpano, la persona se da cuenta porque "va a sentir un dolor que prácticamente aturde y va a tener sangrado" y debe buscar ayuda especializada rápidamente.
Personas letradas e iletradas son atendidas constantemente por los/las especialistas porque padecen daños acústicos, producto tanto de conductas negligentes suyas o de acciones descuidadas, de manera inconsciente, como meterse objetos punzantes, la uña, ganchos de pelo, la punta de la pluma o del lápiz para rascarse el oído cuando éste le pica.
El tímpano, aclaró, puede traumatizarse, sin romperse: Esto causa dolor, una sensación baja de audición, molestia y la sensación de que el oído está tapado. Agregó que un tímpano roto disminuye bastante la audición, pero no produce sordera total, porque hay otros mecanismos que permiten seguir oyendo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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