Con este título no me refiero a la famosa película magistralmente interpretada por Nicole Kidman y que le valiera un Óscar de la Academia, sino a un grupo muy especial de personas que todos conocemos y vemos casi a diario.
Viven en el mismo barrio, al lado de la casa o en el mismo edificio, sus hijos van al mismo colegio y frecuentan el mismo círculo, pero por algún extraño sortilegio, creen que son superiores a los demás...son los vecinos.
¿No le ha tocado alguna vez un vecino que se encuentra con usted en el pasillo o en el elevador y no saluda, ni siquiera da un buenos días o buenas tardes, y se le queda mirando como si nunca la hubiera visto?
Lo más seguro es que sí, todos tenemos uno, y a veces hasta varios. Hay una casta de vecinos especiales, no todos por suerte, de esos que creen que si saludan perderían lo poco que tienen. Son serios, adustos y nunca sonríen.
Por supuesto que quienes así actúan son seres superiores: en groserías y malas maneras son campeones, no se los gana nadie. Pienso que lo hacen por una sola razón: un gran complejo de inferioridad.
Lo que en verdad les falta es una buena educación, pero más que educación de escuela, es lo que yo llamo educación de cuna: eso que enseñaban las abuelas y las tías, la forma de mostrar respeto a los demás y de lograr la convivencia amable con todos, nos agraden o no.
Las personas distinguidas y educadas no tienen ningún inconveniente en hacerlo, más bien saben que con su buen proceder aumentan su prestigio y ganan simpatías, algo que cuesta tan poco y que sin embargo, rinde tanto.
Y a mí siempre me gusta contar cómo me llama la atención que nunca he visto a un perro dando los buenos días o pidiendo por favor, en cambio sí veo a muchas personas, algunas con posiciones de jerarquía, que para hacerse los importantes o para esconder su incompetencia andan con cara ceñuda y derrochando sus ladridos a todas horas y en todas partes.
En estos momentos de euforia electorera podemos ver cómo están influyendo algunos políticos cortos de cultura, que excluyen por completo las reglas elementales de la educación y la urbanidad. Se presentan diariamente en todos los medios de difusión, enseñándonos, según ellos, cómo se deben hacer las cosas, y lo que es peor, dicen los medios cuando se les critica, que esto es libertad de expresión.
Las personas que dan las gracias con humildad, vecinos o no, que aceptan sus errores y saben pedir perdón con dignidad, las que aprecian lo bueno de los demás y no solo critican y censuran sus errores, las que siempre encuentran una palabra amable y una sonrisa para todos, incluyendo a los pesados; las que en vez de morirse de envidia y empezar a descalificarlos, se alegran de todo corazón por los éxitos alcanzados por los demás... son personas especiales que se ganarán un gran tesoro: la amistad y el cariño de muchos. Si usted tiene una, debe estar consciente de que posee una gran fortuna... cuídela, porque no quedan muchas.