Al igual que los seres humanos nacen, crecen se desarrollan y en su etapa geriátrica deben ser tratados con amor y cariño.
Esta fue mi interrogante, porque a diferencia de algunos compañeros de trabajo, mi mascota llegó a mis manos en etapa adulta y ahora después de dos años de compartir con él he empezado a notar cambios significativos.
Preocupado por el estado de mi perro me dirigí como de costumbre al veterinario. La experta indicó que los perros viven menos años que los seres humanos porque sus genes son totalmente diferentes a los de un hombre.
Y aunque "Capitán" pareciera ser un cachorro, estaba entrando en su etapa adulta, que requiere mayor atención.
Según Velkis Sánchez, veterinaria, hay una teoría muy particular para calcular la edad de un perro.
En este sentido descubrí que los 8 años que puede tener "Capitán" en realidad son 56, ya que cada año humano es equivalente a 7 años perrunos.
De ahí que inmediatamente justifiqué el desgaste de mi perro, ya que según la experta, es normal que el sistema y funciones de su organismo se encuentre más vulnerable a enfermedades infecciosas, metabólicas, cambios climáticos, parasitosis, estrés, explicó la veterinaria.
Agregó que una vez la mascota entra en la etapa adulta mayor se notan cambios en su comportamiento o costumbres, sed, apetito, materia fecal u orina, presencia de secreciones anormales, detección de masas o bultos, por lo que no hay que dudar en consultar con un profesional.
Aunque es cierto que los perros de raza grande envejecen más de prisa que los de raza pequeña, los siete años son la edad que se considera como el principio de la vejez del perro.
Probablemente, durante toda la vida de nuestro perro, hemos estado pendientes de él y nos hemos ocupado de su bienestar, pero cuando llegue este momento todavía deberemos implicarnos más para que esta etapa de su vida siga como un perro feliz y saludable. Para esto deberemos tomar algunas medidas especiales:
Adecue el espacio en casa, porque la pérdida de movilidad así como la pérdida de ciertas capacidades o sentidos (vista, oído, etc.) supondrá la aparición de ciertos obstáculos en el entorno.
Realícele controles veterinarios más exhaustivos: Siga con los tratamientos habituales, pero además sométalo a una revisión dos veces al año para controlar los cambios producidos por el envejecimiento aunque observemos que el perro está sano.
De la misma manera que durante toda su vida el ejercicio ha sido vital para su bienestar y desarrollo, también será muy importante mantenerlo en forma. Con esto también prevendremos o mejoraremos los problemas de obesidad (un problema bastante frecuente en perros ancianos) y de artritis.
Lo ideal es que haga ejercicios a diario que consistan en paseos y juegos de atrapar objetos de manera tranquila, sin agresividad ni violencia.
Durante esta etapa tiene unas necesidades nutricionales distintas a las de las anteriores, así que la dieta deberá ajustarse a éstas.
El perro anciano no necesita tanta energía como el perro joven y, si come demasiado, puede llevar a padecer obesidad, cosa que hay que evitar a través de una correcta alimentación. Por ello es mejor que le demos de comer menos cantidad y más veces al día.
La vejez de los gatos llega a partir de los ocho años, aunque si las condiciones de vida han sido excepcionales, los procesos degenerativos que llegan con la vejez pueden retrasarse hasta los diez años.
Las mascotas mayores pueden tener más o menos problemas médicos dependiendo de la nutrición y el cuidado durante toda su vida, aunque también influyen otro tipo de elementos ajenos a la vida del animal, como la genética o las condiciones ambientales del lugar donde vive.
Éstas son las enfermedades más comunes que se dan en los gatos de edad avanzada: enfermedad intestinal inflamatoria, problemas dentales, diabetes mellitas, enfermedades cardiovasculares, renales y pancreáticas, obesidad, anemia, lipidosis hepática secundaria, cáncer, hipertiroidismo, hipertensión y hepatopatías, entre otras.
El hecho de que tu gato tenga buen aspecto y esté aparentemente sano, no significa que no debas llevarlo al veterinario a realizarse revisiones periódicas.
En este caso lo más adecuado es que el especialista realice un examen físico, análisis de glóbulos rojos, análisis de orina, controle el peso y revise su nutrición, dientes, oídos, uñas y piel, como mínimo una vez al año. No hay que olvidar administrar las vacunas correspondientes a la edad del felino.