El Panamá América
Diversos esfuerzos, aislados unos, coordinados otros, se realizan en la búsqueda de paliativos, al menos, para millones de personas que padecen hambre en el mundo. Hay que insistir en que la solución es la justicia social, es decir, la mejor distribución de la riqueza y los recursos entre la población.
Sin embargo, mientras se vaya incrementando la conciencia respecto a la importancia de la solidaridad mundial, hay que aplaudir los logros.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, informa que en la lucha contra el hambre se han dado importantes avances, aunque, hay variaciones incluso en estos logros, de región a región y estas diferencias guardan relación con aspectos que tomaría tiempo analizar, pero que incluyen: la capacidad de organización de las sociedades en las naciones, la disponibilidad de medios de transporte y comunicación que faciliten la distribución de alimentos, el acceso o no a tecnología apropiada y a la información oportuna, la existencia o no de servicios básicos de salud, electricidad, vivienda, agua potable, etc.
He aquí algunas de las conquistas del trabajo en equipo, la sensibilidad social y la organización de todos los estamentos sociales, en esta lucha por evitar y reducir la desnutrición (especialmente del binomio madre-hijo/a):
"Para el año 2015 el número de personas desnutridas en Asia meridional y oriental se reducirá a menos del 10 por ciento de la población, gracias al aumento de los niveles de producción y a un crecimiento demográfico más lento. A estos niveles bajos resulta mucho más fácil desarrollar políticas eficaces para eliminar los restantes problemas de hambre. Considerando que de los 800 millones de personas que sufren hambre en el mundo la mayoría reside en Asia, este resultado marcará un avance importante de los esfuerzos mundiales." Hay que recordar que el objetivo fijado en la Cumbre Mundial de la Alimentación , celebrada en 1996, es reducir para el año 2015 ala mitad como mínimo el número de personas hambrientas en el orbe.
El Programa especial para la seguridad alimentaria de la FAO, financiado por donantes bilaterales y multilaterales, funciona hoy en 60 de los 80 países de bajos ingresos con déficit de alimentos del mundo, como parte de sus políticas nacionales de seguridad alimentaria y desarrollo.
Factor fundamental en la erradicación del hambre crónica es el reconocimiento por parte de los países en desarrollo del papel que juega la agricultura en el progreso económico y social. De allí que paulatinamente, en mayor o menor grado, dependiendo del nivel de concientización al respecto, se está volviendo los ojos hacia el sector rural.
La experiencia indica que el hambre crónica podría ser vencida dentro de este siglo. La población mundial está ya mejor alimentada que hace 30 años. Desde 1970, el número de personas desnutridas en los países en desarrollo ha descendido en unos 130 millones.
Por otra parte, merecedor de encomio es el trabajo que están llevando adelante las Organizaciones No Gubernamentales y las cooperativas, al aglutinar el potencial comunitario, sus recursos, talento, tiempo, ideas, disposición para trabajar en la búsqueda de su propio desarrollo mediante alternativas prácticas y viables, haciendo uso de la tecnología moderna, del conocimiento al que cada vez tienen más acceso y ejerciendo el derecho a exigir que se les respalde en la consecución de mejores condiciones de vida.
Y, no podemos dejar también de reconocer el gran aporte de los grupos pro ambiente, que constantemente libran una lucha por detener la tala indiscriminada de árboles, la contaminación de quebradas, ríos, mares, la matanza indiscriminada de especies de animales, el uso de productos que afectan la capa de ozono y otras prácticas que resultan nocivas a la naturaleza porque afectan el ciclo biológico e inciden en la calidad del aire, empobrecen los terrenos y son la antesala de desastres ecológicos.
Según apunta la FAO, para la década próxima "la agricultura de los países en desarrollo requerirá de una inversión estimada en 166 000 millones de dólares EE.UU. al año", lo cual no pinta un panorama muy esperanzador, máxime si no hay la disposición necesaria para hacer los cambios pertinentes (tanto a nivel de los gobiernos, como a nivel de las organizaciones de agricultores y a nivel individual) que conduzcan a la priorización del bienestar colectivo sobre el particular y siempre teniendo en mente que el punto de partida es el ser humano, sí, pero, que su vida y salud dependen de la de su hábitat.