Chile, pimentones, pimientas, jengibre, en fin, la comida aderezada con estas sustancias picantes cuenta con detractores y defensores. Unos alegan que son demasiado fuertes y pueden provocar problemas de estómago y los otros que aportan numerosos beneficios.
Sin embargo, existen varias formas de hacer que el sabor picante y el ardor que provocan, por ejemplo, los chiles, en la boca, desaparezcan. Ingiriendo azúcar, aceite o grasas se reduce esa sensación. Al igual que masticar pan.
También es importante conocer que en el mundo hay diversidad de ellos, con distinto grado e intensidad, es decir, desde los que más pican (‘thai dragon’, de Tailandia) hasta los que menos (como el peperoncini, de Italia), pasando por las cayenas o los jalapeños.
Existen además varias formas de consumirlo:
natural (picado, como condimento en las comidas), exprimido (es el más concentrado), infusión (uniendo el picante con otras hierbas. Es el más aromático).
Pero los condimentos picantes son más que conservadores de alimentos, pues proporcionan numerosos beneficios para la salud. Por ejemplo, queman calorías porque contienen capsaicina, que provoca ardor y es la responsable de que el corazón se acelere al igual que el metabolismo.