Si no estas contenta con los resultados de tu maquillaje, aquí te damos algunos consejos, ya que la mayoría de las ocasiones lo que determina la diferencia entre un buen y un mal maquillaje son ciertos detalles que a veces no parecen ser importantes.
Para sacarle provecho a tu maquillaje, debes tener presente que existen colores que son apropiados para tu tono de piel y hay otros que debes evitar a toda costa.
Cuando vaya a seleccionarla: inclínate por los tonos más similares al de tu piel como los bronce. En la actualidad diversas marcas de cosméticos tienen bases para tonos de piel morena.
Evita los tonos rosados o demasiado amarillentos.
Pruébate la base antes de comprarla, aplicándote un poco en la parte de la mejilla y del cuello, para tener idea de cómo se mezcla con el color de tu tez.
Es muy importante que tomes en cuenta tu tipo de cutis. Si tu piel es grasosa, use una base que contenga agua. Si es seca, usa una con base de aceite.
Al determinar cuál comprar evita los tonos pasteles y los muy perlados. Tonos como los dorados, ocres, bronces, naranjas, azules van muy bien. Opta también por los ahumados en tonos ciruela, gris, café y malva.
En los labios, la mayoría los tienen en color oscuro y con un simple lip gloss logran maquillarlos. Lo clásico es un labial vino o marrón, y si quieres contraste, un café dorado y los ojos en colores dorados u ocres te quedarán bien.
También, evita los colores demasiado "radiantes", ya que atraen toda la atención hacia la boca, distrayéndola del resto del rostro.
Generalmente cuando se tiene el cabello crespo, ondulado, rizado a veces no se sabe cómo lidiar con él. Edward Puente, estilista de Camil Beauty Concept, sugiere que para que no se maltrate el cabello con alizados constantes puede optar por llevar el cabello en "curly".
En el mercado existen una gran cantidad de productos que los mantienen naturales.
Los rizos son igualmente llamativos y sensuales, si los sabes tratar.
Entre los alimentos que no se recomiendan ya que contienen mucha sal y que se deben evitar se encuentran los siguientes: los embutidos (mortadela, jamón dulce, salchichón, peperoni etc.) el jamón salado ( jamón curado del tipo que sea), los vegetales en salazón, los frutos secos salados, los quesos con sal, etc.
Por otro lado se ha comprobado cómo la ingestión de alimentos ricos en potasio ayuda a contrarrestar los niveles de sodio y restaura el equilibrio.
Se recominedan verduras, hortalizas, fruta, legumbres e hidratos de carbono complejos (pasta, arroz) y alimentos ricos en potasio en general.
Una mala alimentación con exceso de sal y de alcohol, y falta de proteínas y nutrientes.
Una vida muy sedentaria. Fluctuaciones hormonales (embarazo, menopausia).
Trastornos hepáticos, cardiacos o renales, que hacen desequilibrar la balanza y provocan que los tejidos acumulen fluidos. Uso de ciertos medicamentos.