Cuando se trata de la Orquesta Cámara de la Unión Europea, una gira de buena voluntad tiende a desafiar no sólo su exquisita musicalidad, sino que requiere una resistencia física de sus integrantes.
La musicalidad de los 15 jóvenes intérpretes se lució la noche del sábado cuando un nutrido público ovacionó el ecléctico programa que ofrecieron en el Teatro Nacional con obras de Teleman, Hindemith, Vivaldi, Beethoven y Dvorak.
Su resistencia fue puesta a prueba cuando a las 3:30 de la mañana del domingo quince, cansadas figuras portando violines, violas, violoncelos y un enorme contrabajo desfilaron por el aeropuerto de Tocumen y se embarcaron en un avión a Costa Rica en camino a Caracas, Venezuela, donde el martes cinco de octubre completan su tercera gira latinoamericana.
Y en menos de dos semanas, después de un rápido receso en Londres, emprenden un nuevo viaje a Kuala Lumpur, Singapur y Camboya, donde ejecutarán una obra de jazz compuesta especialmente para la orquesta por el Rey Sihanouk. Ese concierto será transmitido por la BBC de Londres.
Curtidos ya por años de tocar juntos, los miembros de la orquesta ofrecieron un programa digno del concierto con que la Asociación Nacional de Conciertos finalizó su temporada de 1999.
"Fue asombroso, un verdadero deleite", comentó Henry Ford, uno de los patrocinadores de la asociación, que además de patrocinar la serie musical más connotada de la capital panameña, también organiza maestrías para jóvenes músicos durante los veranos en colaboración con el colegio de Música de la Universidad de Berlín.
Terence Ford, presidente de la Junta Directiva de la asociación lo caracterizó como21 "broche de oro" de la temporada.
Y no era para menos, tanto por el contagioso brío y precisión con que el pequeño grupo encaró cada obra, así como la cuidadosa selección del programa: La Suite La Lyra del compositor del siglo 18, Georg Telemann, la melancólica Trauermusik del moderno Pau Hindemith con el solo de viola ejecutado por Martin Schaller y el Concierto para dos violines en la menor de Vivaldi, en el que Nicola Sweeney y Anna Zimmerebner figuraron como los ovacionados solistas.
Después del intervalo el conjunto ejecutó el Cuarteto Op 95 de Beethoven en una versión para orquesta de Gustav Malber, concluyendo el programa formal con una deliciosa rendición de los dos valses Op.54 de Antonin Dvorak. Varios triunfos de aplausos y llamadas de bis alargaron el concierto con dos breves piezas de Haydn y Mozart.
Un aspecto notable de los conjuntos de cámara, a diferencia de las grandes orquestas sinfónicas, es la concentración e intimidad que proyectan en la ejecución, con frecuentes intercambios de miradas con el director, en esta caso el concertino Lavard Skoy Larsen, así como entre ocasionales sonrisas que definen el gusto y la espontaneidad de la ejecución.
Esta dedicación a la perfección se hizo vender durante un ensayo en el escenario del Teatro Nacional que se extendió por más de dos horas, a pesar de que varias piezas las había tocado ya en dos conciertos en Nicaragua sólo días antes. Los músicos apenas tuvieron tiempo para tomar un refresco y cambiarse antes de que llegar al público para el concierto.
"Aunque están al final de su gira, nunca parecen estar cansados", anotó Ambrose Miller, un exviolinista del conjunto que ahora se denomina el "boss", o sea el gerente que organiza y coordina las giras de uno de los tres grupos seleccionados por la Unión Europea como sus embajadores artísticos al resto del mundo.
Por eso llamó la atención la ausencia de una representación oficial del Gobierno panameño, ya que los palcos reservados para el gabinete y para la Dirección Nacional de Cultura, permanecieron vacíos.
La presidenta honoraria del grupo es la Reina Sofía de España, una connotada patrocindora de la música y las artes en el ámbito internacional, apuntó el embajador de España, Manuel Lorenzo, uno de varios de los diplomáticos de la Unión Europea que gozaron del concierto.
Por su lado, el flamante embajador de Alemania lamentó que no supo del concierto con más antelación, porque hubiera querido ofrecer una cena para los músicos, cuyo director, Larsen, es profesor de violín en Munich.
Como para subrayar el carácter integracionista y global de la Unión Europea, Larsen, que dirige el grupo desde su asiento de concertino, es ciudadano alemán hijo de madre brasileña, padre de Dinamarca, con residencia en Salzburgo, Austria.
"También tenemos a un violinista de Granada que nos acompaña por primera vez y se emociona con su descubrimiento personal de que hay todo otro mundo que también habla español", observó Miller.
El amable "boas", cuya esposa es una de las tres celistas de la orquesta, recordó que comparada con la gira de 1997, este viaje "fue fácil". Hace dos años los músicos quedaron varados 36 horas en Tocumen, porque alguien se había olvidado reconfirmar sus reservaciones para un vuelo a Jamaica.