Tomar nota de lo anterior es sinónimo de sobrevivencia.
Lucy Cristina Chau "disparó" verdades al oído del que quiera escucharlas la noche del pasado 28 de abril en el Teatro Anita Villalaz. Su lírica nos tocó profundo. No usó adornos para hacerse eco del alcance de los desastres naturales como inundaciones en la selva de cemento.
La ganadora de la versión 2006 del Premio Gustavo Batista Cedeño, para poetas y poetisas jóvenes, cual paladín de la justicia, cuya arma es la palabra, que da directo en el blanco, leyó sus poemas donde los ayes de los vivos resonaban en los sepulcros de muchos inocentes y de otros más ilustrados en la necesidad de proteger el hábitat, pero que desoyeron el clamor de la naturaleza.
Todo giró en torno a la naturaleza castigadora, en especial la lluvia, las inundaciones, sus estragos: pérdidas materiales, luto, dolor, muerte, vacíos..
Demostró con sus versos y luego en la entrevista con sus convicciones, que está consciente de que no se puede vivir dando la espalda a la naturaleza. De que en la repartición de peces a unos les ha tocado sólo las espinas. Conversar con Lucy Cristina Chau nos permitió saber que tiene clara noción del privilegio que es "dominar" la palabra, poder con el lenguaje bordar esperanzas, tejer ilusiones, hacer desbordar el llanto o relatar cómo ríos y mares se derraman sobre la Tierra y la ahogan. Como ahogan los sueños de los pobres, que son siempre los más golpeados por las inundaciones.
Lucy ha descubierto la fuerza, el poder de la palabra. Y el compromiso al arrojarla cual saeta voladora.
"Hablar, como solía decir mi patre, es muy fácil. Pero, expresar una idea lleva conciencia de la grandeza o de la pequeñez que puede expresar el ser humano a través de la palabra". Para escribir poesía, en el caso de "La Virgen de la Cueva", el poemario que le valió el galardón, se alimenta de la realidad más que de la fantasía. Pero es la Lengua de Cervantes y su amor por la lectura los que le han fabricado un rico vocabulario que amasa con la experiencia y condimenta con su creatividad.
Su familia, los pobres, la naturaleza, su inmenso amor hacia sus seres queridos y su gratitud por las bendiciones que ha recibido la inspiran y la motivan a seguir adelante. Ella se siente afortunada por la familia que tiene y por cómo la vida la ha tratado.
Ha sabido aprender de sus progenitores lo que le ha servido de base para edificar una vida donde el amor, respeto y solidaridad social cuentan mucho.
Leer, observar, abrirse a los demás y trabajar en la Fundación Quebro, le han ayudado a entender las contradicciones sociales en que vive.
Los talleres de estructura literaria, con el Prof. Héctor Collado en la Universidad de Panamá (1993), le enseñaron cómo darle forma a la palabra. Tony, su esposo, con su respeto, sacrificio y amor ilimitado, ha sido clave en su crecimiento como mujer y como poetisa. Ellos "los pobres, olvidados y despreciados", son móvil de su ser y quehacer cotidiano en muchos planos de su vida.
De 34 años, capitalina, Lucy Cristina Chau trabaja con la Fundación Quebro para el Desarrollo, la cual realiza una gran labor en áreas rurales.
"La Virgen de la cueva tiene 30 poemas. Entre ellos bruma, que dice: "En este país hay ciertas lluvias cuyo oficio es borrar el mundo, gota a gota". También están fenómeno, bajo cero, noticias y gotas.
Sobre el trabajo de esta joven poetisa, Javier Alvarado, un colega de la pluma, veinteañero y también exitoso nos dijo que "es muy adecuado, muy bien expresado, muy accesible".
A su juicio, "Lucy debe seguir el camino de la poesía porque está llamada a trazar y a construir desde su propia madera y desde su propia lluvia". Ella, la cantora de la naturaleza, sabe pintar con palabras los rostros de la pobreza.
Julián, su hermano, es músico; Vielka, su hermana, es bailarina e instructora de ballet.
Aconseja a los jóvenes que lean a sus contemporáneos, que se nutran de la realidad. Pero fuera de la TV, donde la realidad está cara a cara.