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Madelaine Albright imprime nueva tendencia en la política


Cuando la secretaria de Estado Madeleine Albright visitó a Colombia el mes pasado llegó a Cartagena vistiendo un sombrero de fieltro parecido al de los campesinos colombianos. Al día siguiente se bajó del avión en Panamá luciendo un flamante "Panamá" color crema de los que se fabrican en Ecuador.
Por rara vez, los medios informativos que dan mil vueltas a cada frase y cada gesto de estos líderes políticos, dejaron pasar inadvertida la fugaz adaptación geopolítica aplicada a la moda de la jefa de la política exterior de la última superpotencia del planeta.
Le tocó al genial novelista cubano exiliado en Londres, Guillermo Cabrera Infante, darle sentido al atuendo que la Albright llevó a Panamá.
"El Panamá, siempre a la cabeza de la aristocracia y del poder, es un mito del buen vivir," sentencia Cabrera Infante.
Pero de inmediato anota: "Que no viene de Panamá, viene de Ecuador, pero nadie lo llama un Ecuador: Viene en realidad de una región de Ecuador donde lo tejen, lo forman y exportan, y lo venden en el mundo entero.
"El Panamá, también llamado con más propiedad "Jipijapa" por la hoja de la palmera Carludovica plamata, en forma de abanico, que blanqueada sirve de fibra tejida, pero casi nadie llama jipijapa al jipijapa que es también un Montecristi (cuidado, no hay que confundirlo nunca con el Montecristo, un habano), al que llaman, desde siempre, Panamá.
"Panamá era ya un nombre mítico en Madrid cuando Lope de Vega, en La Dama Boba, cantó y encantó con su estribillo que parece un urson, un montuno "avant la musique" que pica y repica, "Me voy a Panamá" y que se puede comparar con el Son de negros en Cuba, donde Lorca dice "Iré a Santiago", y todos vamos a Santiago-de Cuba--. Pero Lope, que sabía más que Lepe, nunca fue a Panamá".
Sin mencionar a Albright porque el artículo fue escrito para la revista dominical del periódico madrileño El País antes de la visita de la secretaria de Estado al istmo, Cabrera Infante recuerda como el cine, Hollywood, ha influido poderosamente en los hábitos y en el hábito de los hombres y mujeres que vivieron y viven en el siglo.
"Volviendo a ver los visto y lo vestido: Orson Welles, en su obra maestra Ciudadano Kane, aparece en todo su esplendor de punta en blanco, de vuelta de Europa para anunciar su próximo enlace con la que será su primera mujer, con un sombrero blanco: un Panamá, sin duda. Mientras su gran amigo, confidente y contrincante Joseph Cotton lleva un Panamá, con más elegancia, en La sombra de una duda, en la que es un matador de señoras.
"En Casablanca, Paul Henreid, haciendo de Victor Lazslo, figura prominente en la Resistencia, llevaba un conspicuo Panamá....Tal vez el mas patético panamá fue el que llevaba Dirk Bogarde viviendo sus últimos días en Muerte en Venecia..."
La nota del escritor cubano galardonado con el Premio Cervantes viene acompañada de varias fotografías de personajes celebres luciendo sombreros Panamá, entre los que están Wisnton Churchill y Nikita Khruschev. Si Albright hubiese sabido la afinidad del líder soviético para el Panamá, quizás hubiera preferido una boina.


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33425
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América