La ciudad de Cardiff vivió una noche inolvidable. El Millennium Stadium de la capital galesa, que pasó de ser un campo de rugby a albergar un gran escenario, fue el lugar elegido por Madonna para dar el pistoletazo de salida a su nueva gira mundial, Sticky & Sweet Tour. Pese a que la actuación comenzó cerca de una hora y media más tarde de lo anunciado, su voz volvió a cautivar a los cerca de 40.000 fanáticos que habían logrado hacerse con una entrada.
Haciendo gala de su apodo de "reina del Pop", Madonna hizo su aparición sentada sobre un trono, portando en una de sus manos un bastón de mando. Candy shop fue la canción elegida para abrir el concierto y, a partir de ahí, se sucedió el espectáculo, cargado de luces, sonidos, coreografías y algunas sorpresas. La intérprete de "Like a virgin" cantó sus canciones con el apoyo de originales videoclips proyectados en la gran pantalla del escenario, en los que aparecieron los rostros de Teresa de Calcuta, Al Gore y Barack Obama. Además, la también cantante Britney Spears hizo un pequeño cameo: apareció en alguno de los vídeos proyectados.
La diva británica consiguió llegar hasta su público por una pasarela a bordo de un viejo Cadillac blanco descapotable. Madonna hizo un repaso a sus temas más exitosos. Human nature, Another day, Like a prayer, Spanish lesson fueron algunos de los coreados por el público. Eligió Hung up y Give it 2 me para cerrar su primer concierto de la gira y su ya primer éxito sobre un escenario tras haber celebrado su cumpleaños No. 50 hace una semana.
Un armario digno de una reina
Además de luces, música y pasos de baile, el vestuario elegido por la cantante para su gira fue otro de los puntos en los que recayó todas las atenciones. Madonna llegó a cambiar hasta en ocho ocasiones de look para sus fans. En esta ocasión, se sabe que dos de los diseños eran creaciones del diseñador Ricardo Tisci para Givenchi, que fue el elegido para su salida al escenario. Jeremy Scott, diseñador neoyorquino, también creó uno de los modelos.